miércoles, 26 de febrero de 2014

Atrás


Desconozco el umbral
desde donde el olvido

- siempre el hambriento olvido –

dibuja el perfil incauto
de los instantes que anhela.
No se redimir esa tierra
que negó su paz a Lázaro;
pero temo encontrar,
abandonados sobre el atril,
los acertijos que la edad
dejo sin resolver.

Será entonces; será quizá
el légamo de mi mano
quien pase pagina
dejando, atrás, la huella sumisa
de mi letra hastiada.

(fotografía y texto de Jaime V.)

jueves, 20 de febrero de 2014

Donde nos buscamos.


Ya no llueve, pero toda la humedad está condensada en un viento sin aire. Es un cerco oscuro respirable.

Difícil tarea la de aprender a caminar contra la noche sobre la desventura, a la aventura de un insensato sendero -desaliento- donde nos encontramos los dos , donde nos buscamos.

No quedaban tonos sepias dispersos en el jardín del Príncipe de Anglona; varado, entre maullidos y promesas, un banco de piedra aguarda desterrado sobre la hojarasca; en él alguien olvidó una bufanda azul. Es posible que nunca vuelva a comprender ,ni sienta, lo que significa un abrazo de carne y hueso. Taciturno azul.

No quedaban risas de niños en el jardín del Príncipe de Anglona para decorar el escenario de un teatrillo de guiñol donde los cuentos, los sueños y las infantiles miradas penden de un hilo. Tal vez nunca durmió una marioneta acunada por la fuente, allí donde ciegos, incesantemente, nos buscamos.

No quedan colillas apagadas en el jardín del Príncipe de Anglona que como indiscretas migas de pan señalen la huida de las maltrechas certezas, el desasosiego de la espera, la promesa en vano de una verdad ciega. Nada queda ahí , donde nos buscamos.

- Sino encontrase cobijo, alguna vez, envuelto en una densa nube de nicotina, bajo una lluvia agridulce de sentimientos o esperanzas, tecleando, noche tras noche, tecleando, auscultando tras el fósforo el latir líquido de otro ser vivo, tecleando contra la soledad...para no encontrarnos -

Tantas cosas faltan en el jardín del Príncipe de Anglona…pero, que más da; los instantes que atrapan la mirada de los pocos visitantes se cobijan en el latente añil de una bufanda olvidada , en la plástica que hace de las sombras cobijo...ahí...donde nos buscamos.

-¡Eh¡...si, tú...¿Es tuya esa bufanda azul? -

(fotografía y texto de Jaime V.)

jueves, 13 de febrero de 2014

Las manos de Leonard Cohen


Es la mujer de los ojos que no sonríen, que intrigan, que se encierran en la partitura de una canción que bien podría dibujar un suave temblor en las manos de Leonard Cohen.

Es la mujer que transita en ese día que se alimenta de las noches ajenas.

Es la mujer que oculta el germen de una constelación bajo el albornoz y sin dudar ante el asombrado espejo – o el repartidor de mariposas - bajará en zapatillas a comprar el pan con una lista de promesas escritas sobre el último libro de Coetzee.

Sus pasos rompen el silencio del parque mientras los prejuicios arañan el musgo que se sabe recluso en el hierro perverso de las farolas.

Su respuesta es siempre un silencio cuando alguien pregunta:

-“¿Este reflejo debe ser tuyo?”-

Ella se esconde tras sus silencios. Entonces simulará huir…despacio. Atrás, desnudo de cristal y sombra un acertijo tardío no logra que los sueños descarrilen. Mientras el viento arrastraba sobre su cara el pelo como si fuera un velo que ocultara la tristeza.

Camina despacio. Atrás queda, dócil, la hojarasca. Su mirada habla, solo, para preguntarme sin desear saber respuestas. Cae la tarde sobre nuestros pasos y no se que puede ocultar:

a mí o a ella.

Yo hablo de los puntos cardinales, de las dársenas donde se restañan cometas y, mientras, envejezco tras cada palabra sin saber porque aguardo sus respuestas.

¿Cuando el tiempo se olvidara de caminar? ¿Cuándo, el tiempo, se olvidara de escuchar mis pasos y sus silencios?

Somos un lento atardecer en las manos de Leonard Cohen.

(fotografía y texto de Jaime V.)

jueves, 6 de febrero de 2014

La traición de Wendy

“Si Peter Pan viniera a buscarme una noche azul,
que me sorprenda a oscuras. Por favor, que no dé la luz,
no vaya a descubrir que suelo mentir
cuando juro ser aún ese niño.
Quién le va a contar que la gran ciudad
no dejó ninguno ninguno, ni uno vivo.”

(Ismael Serrano)


Aún hoy envidio a esa agua que corre sabiendo de antemano cual es su cauce, cual es su camino hasta encontrar su descanso tras la celosía de su delta.

Nunca supe entender lo que me susurraban los labios callados ni atender a más razones que aquellas que improvisaban las excusas que dejaban, para otro día, la tarea de un hoy pálido y resentido.

Ver correr el agua era ver correr el tiempo pero sin darme cuenta que en el fluir de las horas mis pies se movían aunque no dejaran huellas.

Yo, cretino, pensaba que nada de lo que acontecía sabia de mi o de mi domicilio o de mi intento de amnesia…siempre cretino, siempre en otro sitio.

Caminar sobre los pasos de otros era encontrar mis errores, mis horrores como algo ajeno y así resultaba sencillo agavillar los sentimientos como si fueran un libro prestado que nunca se termina de leer.

Nunca pretendí entender porque el calendario me regalaba, cada día treinta, la benevolencia de la sal y lo imperfecto de la lucidez; nunca pretendí entender aquello que se ocultaba entre las líneas de unas manos que recibían del abismo más de lo que daban con minúsculas; nunca pretendí entender que se desdibujaba o tomaba forma entre los posos del café…me bastaba con presentir que en la punta de mi lengua estaban escritas las respuestas y solo con hacer burla frente al espejo los “por que” encontraban una húmeda solución cómodamente sentada entre las papilas gustativas.

Yo, cretino, continué caminando sin respuestas… sin sabores.

No siempre ha de ser un café la respuesta incomoda a un intento de refugiarse en la promesa de un regreso.

Se derramó la leche y puede que ni Pandora comprenda mis reproches…pero da igual…es una incauta que no acierta a medir la fuerza del alambre de espino y piensa que la caligrafía – temida - de una verdad no puede esconder una Salome que, entre las volutas de un jazz, desnude el crisol de los sueños solo para así ocultar…una vez más…la traición de Wendy en nuestras miradas.


(fotografía y texto de Jaime V.)