lunes, 31 de marzo de 2014


Recuerdo que fui, una vez,
cazador de albatros

y tú:

el pudor incierto de una cita a ciegas,
el himen prestado. El sustento furtivo.

Recuerdo que devoramos nuestras heridas,
el sabor de tu cintura desbordada,
el genital destino de la tierra estéril.

Recuerdo el color de tu lengua, precisa,
el deseo despoblado de razones

y tú:

el nombre, fingido, desbordando mi sexo.

(fotografia y texto de Jaime V.)

lunes, 24 de marzo de 2014

Un día gris.


Soy un día gris que se niega a reconocer su color esperando que la lluvia me regale el deleite de un nuevo engaño.

Llueve y con las gotas se arrastran las verdades y las mentiras que oscurecen y agrietan los muros. Has olvidado el paraguas y correr no es una solución, no hay a donde huir, no hay donde refugiarse. Las marquesinas están destartaladas incluso podrías pensar que bajo su estructura corres más peligro que en medio de la calle.

Llueve y parece que la ciudad estuviera deshabitada.

La lluvia te empapa, mientras que se encienden fosforescentes los ojos en la cara de ese cabrón que se fija en tu camisa pegada al pecho. Sabes que su lengua te lame mientras que guarda la barra de pan en una bolsa de plástico. Cuando llegue a su casa desdeñara el plato de silenciada menestra y se acordara de tus pechos pero nunca de tu cara.

Llueve porque es un día gris que nació para creer en el milagro del agua esperando que las liquidas uñas arrancara las miserias de tanto alcahuete cobarde, de tanto aplauso de mutilado que espera entre las gotas una oportunidad para arrancarte la blusa o el alma.

Llueve en una ciudad que ni tan siquiera existe.

Pero el agua se empecina en dibujar muecas, en desfigurar mascaras, en arrancar al asfalto caminos que nadie volverá a recorrer. Así las emociones bastardas tendrán una oportunidad - una más - para danzar regalando tras falsas sonrisas la ponzoña que acarrean las palabras.

La prostituta acunara rugidos, el apetito del traficante de sueños le llevara a intentar despertarte, dentro de las casas el día será mas falso y mas gris, en cada uno de los desatinos que se agitan en las alcantarillas no habrá ni día ni color solo lluvia cansada de ser lluvia, solo lluvia hastiada y desesperada por dejar de ser lo que es.

Te estas mojando. La lluvia no hace nada por evitarte ¿adonde iras?

Todo es un minúsculo naufragio que se gesta entre los delirios del agua que no acepta su caída y el impertinente trasiego de las hormigas que se afanan por ignorar su destino.

No hay sito para el grano mojado, no hay sitio para el día gris en el calendario que juega a ser péndulo o improvisada memoria de octogenario.

¿Qué quien eres?

No lo se.

¿Qué quien soy?

Soy el día gris y la lluvia. Soy el cabrón que espera la transparencia de tu blusa. Soy la ponzoña que se acuesta feliz de robarle a tus noches un segundo de tu paz o un instante de deseo entre tus piernas. Soy la lluvia hastiada y expectante. Soy el lugar al que nadie acude porque incluso la intemperie es más verosímil que mis argumentos. Soy la huella que cercena el trasiego de los granos, que se ensaña sobre la disciplina del pastoreo.

Soy agua el que naufraga en el charco.

Soy el adiós que escucha la última gota de un día gris.

(fotografía y texto de Jaime V.)

martes, 18 de marzo de 2014

Escribiré cartas


Escribiré.
Escribiré sin argumentos, sin vetas;
con la certeza de que los silencios mienten.
Será, pues, la voluntad - ¿el azar? - del trazo
quien relate aquello a lo que, vencidas,
han renunciado mis palabras.

Escribiré cartas
donde la voluntad será mordaza de la huella fértil,
donde las heridas traerán la vejez prematura
de la mirada vencida.

Te escribiré.
Sin saberlo me entregaras, a tu antojo,
la geografía de las palabras que deseas escuchar
de mis manos.

Te escribiré cartas.

No encerraran, añoranza, por esas ciudades que no conocimos.
No hablaran de las caricias imprecisas
que no fueron madres después de aquella primera noche.
No esconderán el insomnio de las horas que se enfrentan
a la luz que atemoriza nuestras sombras.

-ni el hielo ni la piedra saben de añoranza-

Si…te escribiré cartas.

Dejaremos que sean otros, los nombres, que no encuentren descanso.
Dejaremos que los recuerdos sean la tinta que disculpe la distancia.
Dejaremos que las deudas hallen consuelo en los ayeres extraviados.

Y, sobre las hojas sin voz, acunare mi arrepentimiento
hasta entender como se desliza la soledad de tus ojos
sobre las verdades ciegas de mis mentiras cansadas.

(fotografía y texto de Jaime V.)

lunes, 10 de marzo de 2014

El huir de la tarde

“Todo regresa hasta su forma exacta.
La vida retoma su ambición pequeña
de ser, del todo, vegetal profundo,
recóndito edificio y luz abierta.”


(Marcel P.)


Si cierro los ojos todo lo que siento perfila el huir de la tarde:

el silencio de los humillados , el vuelo hasta la rama, la danza de la lumbre, la caricia de la voz que narra un cuento, el silencio de ahora.

Todo en la oscuridad de mis ojos, todo en la luz abierta. La luz robó la firmeza del horizonte porque cada minúsculo cuerpo cobija maravillas, y la luz , y mis ojos , y tus ojos, lo saben.

Mientras, tú, escuchas la edad en las miradas, acaricias la herida ajena y luego me recuerdas que eres la lluvia que habita en el silencio de la voz, que habita la luz abierta.

Y, cuando regreso,

eres la vida que marcha.

(fotografía y texto de Jaime V.)