lunes, 24 de marzo de 2014

Un día gris.


Soy un día gris que se niega a reconocer su color esperando que la lluvia me regale el deleite de un nuevo engaño.

Llueve y con las gotas se arrastran las verdades y las mentiras que oscurecen y agrietan los muros. Has olvidado el paraguas y correr no es una solución, no hay a donde huir, no hay donde refugiarse. Las marquesinas están destartaladas incluso podrías pensar que bajo su estructura corres más peligro que en medio de la calle.

Llueve y parece que la ciudad estuviera deshabitada.

La lluvia te empapa, mientras que se encienden fosforescentes los ojos en la cara de ese cabrón que se fija en tu camisa pegada al pecho. Sabes que su lengua te lame mientras que guarda la barra de pan en una bolsa de plástico. Cuando llegue a su casa desdeñara el plato de silenciada menestra y se acordara de tus pechos pero nunca de tu cara.

Llueve porque es un día gris que nació para creer en el milagro del agua esperando que las liquidas uñas arrancara las miserias de tanto alcahuete cobarde, de tanto aplauso de mutilado que espera entre las gotas una oportunidad para arrancarte la blusa o el alma.

Llueve en una ciudad que ni tan siquiera existe.

Pero el agua se empecina en dibujar muecas, en desfigurar mascaras, en arrancar al asfalto caminos que nadie volverá a recorrer. Así las emociones bastardas tendrán una oportunidad - una más - para danzar regalando tras falsas sonrisas la ponzoña que acarrean las palabras.

La prostituta acunara rugidos, el apetito del traficante de sueños le llevara a intentar despertarte, dentro de las casas el día será mas falso y mas gris, en cada uno de los desatinos que se agitan en las alcantarillas no habrá ni día ni color solo lluvia cansada de ser lluvia, solo lluvia hastiada y desesperada por dejar de ser lo que es.

Te estas mojando. La lluvia no hace nada por evitarte ¿adonde iras?

Todo es un minúsculo naufragio que se gesta entre los delirios del agua que no acepta su caída y el impertinente trasiego de las hormigas que se afanan por ignorar su destino.

No hay sito para el grano mojado, no hay sitio para el día gris en el calendario que juega a ser péndulo o improvisada memoria de octogenario.

¿Qué quien eres?

No lo se.

¿Qué quien soy?

Soy el día gris y la lluvia. Soy el cabrón que espera la transparencia de tu blusa. Soy la ponzoña que se acuesta feliz de robarle a tus noches un segundo de tu paz o un instante de deseo entre tus piernas. Soy la lluvia hastiada y expectante. Soy el lugar al que nadie acude porque incluso la intemperie es más verosímil que mis argumentos. Soy la huella que cercena el trasiego de los granos, que se ensaña sobre la disciplina del pastoreo.

Soy agua el que naufraga en el charco.

Soy el adiós que escucha la última gota de un día gris.

(fotografía y texto de Jaime V.)

3 comentarios:

Magda Robles dijo...

No debería llover sobre todos por igual... hay manchas que jamás desaparecen.

P.d. No puedo hacerme seguidora de tu blog, siempre me da error al intentarlo, pero seguiré visitándote.

Setefilla Almenara J. dijo...

Un texto que he encontrado muy interesante, también hay imágenes con fuerza y que ayudan al conjunto a transmitir esa belleza nostálgica e hiriente que nos traen a veces los días de lluvia.El aplauso del mutilado, o la prostituta que acuna rugidos,resalto, entre algunas otras muy buenas.
Te felicito, Jaime, buen relato.
Un saludo cordial.
Setefilla.

MartinaH dijo...

A veces somos llovizna, a veces tempestad y a veces tan sólo agua.
Somos lo que somos, no hay más, humanamente lluvia.

Un abrazo licuado.