miércoles, 18 de junio de 2014

Pero callamos.


Escucho como tiembla el silencio.
- oscurece la tierra -
Escucho la angustia que oprime las gargantas,
escucho como envejece la inocencia de tus labios,
escucho la orfandad de todo aquello que nunca
jugara en las calles, ni entre el paisaje
atrapado por el lenguaje de los sarmientos.

Escucho rasgarse las cartas
que aun no hemos escrito,
indecisa y nunca suficientemente seca su tinta
- malgastada la escritura -
tantas veces, húmedo, el aprendizaje da esas palabras
que más tarde serán ceniza empañando el cristal.

Escucho los puntos cardinales fortuitos
intentando adoctrinar el plumaje del deseo
aun cuando los senderos, uno a uno,
sean legado del salobre barro.

Escucho como la traición de las horas
se licua sobre los cantos rodados
dejando ciego el pensamiento,
domesticada la lluvia,
emboscado el sexo,

codiciosa la mentira.

Escucho como tiembla tu silencio.
- oscurece mi tierra, la morada del niño-hombre –
pero callamos.

Y me aferro,
como un animal herido,
a esos silencios, que nunca,
hubiera deseado escuchar.

(fotografía y texto de Jaime V.)

lunes, 9 de junio de 2014

Siete cosas


- Me gusta escribir, siempre me gustó escribir, como juego al principio, más tarde para esconder los sentimientos que nunca fueron muy lejos del olor de la tinta y, desde hace tiempo, para escapar de una vida que me empeñe en no entender ni permitir que ella me entendiera.

- Me gusta la música que me presta palabras , sensaciones, sueños ; esa música que se deja silbar con las manos en los bolsillos y los pies amnésicos por cualquier calle, en cualquier sitio. Notas de barro y amaneceres.

- Me gusta el agua que intenta pasar casi desapercibida; el agua de los arroyos que apenas cubren los pies y te lavan las líneas de las manos, el agua de las fuentes olvidadas que a veces hasta se secan y cuyo nombre suena a leyenda de Bécquer , los charcos que intentan ser puerta o espejo sin conseguir nada de lo que se proponen y la lluvia. Me gusta la lluvia. Cuanto mis pantalones eran cortos y mis mocos largos intentaba , sin mucho éxito, contar las gotas que resbalaban sobre el cristal de la ventana. También eran notas de barro , de barro y agua.

- Me gusta coleccionar recuerdos que me hacen olvidar las prisas del calendario, recuerdos que atenúan el crujido de la silla o el enfado del despertador .Recuerdos de amaneceres que arremeten con lo que venga , recuerdos de momentos aciagos y de nuevo barro , y otra vez la lluvia.

- Me gusta estar solo hasta encontrarme más y más cerca de todo lo que me rodea, dentro de la maraña de sonidos, de emociones que se entrecruzan sin respetar preferencias de paso; sentir esa corriente de agua que fluye al lado de su sombra sin saber que existe otro color. Compartir la herida y la cicatriz , y otra vez su barro y otra vez su lluvia.

- Me gusta el otoño que se refugia en la arboleda y coser hojas sobre las horas sanguíneas, sobre las nieblas de las palabras que nada saben de tu barro , de mi lluvia.

- Me gusta perderme hasta encontrar esos sitios que siempre has creído que no existen y no aprender ni sus nombres ni su localización para intentar volver y descubrir de nuevo una razón para continuar soñando con que aún quedan rincones que huelen a leña de encina, a sopa de cocido en la mesa, a lluvia en Caná , a barro sobre las heridas de un otoño cualquiera.

Estas son siete cosas, sobre mi, que me ha gustado compartir con vosotros.

Este post está dedicado a Lunaroja , es mi manera de darte las gracias por tu regalo.

(fotografía y texto de Jaime V.)