jueves, 24 de diciembre de 2015

El aviso


-“No, no puede ser, no puede estar ahí”-

Mis ojos no dan crédito a lo que ven pero lo cierto es que está ahí, ahí, en mi mejilla derecha; esta ahí desafiando toda lógica, esa lógica que en estas fechas bien pudiera estar fuera de lo creemos lógico.

-“No, es que no puede ser”- insisto levantando mi voz -“Pero si todo fue un sueño… un sueño, seguro que fue eso, un sueño”-

Arrastro mi gesto de sorpresa hasta la cocina.

-“Una taza de café, una humeante taza de café seguro que me espabila del todo”-

Abro el destartalado armario donde Julia guardó el bote de Nescafé Classic y me preparo una taza bien cargada. Miro el reloj.

-“Las ocho de la mañana”-

Un par de sorbos y al menos mis manos y el paladar entran en calor, los pies tardaran, el suelo de esta cocina está frío.

Me toco despacio la mejilla derecha.

-“Es que no, que no puede ser; ni siquiera Julia se lo creerá cuando le cuente… a pesar de que ella, ella también, también estaba allí”- una sonrisa se dibuja entre mi baldío proyecto de barba -“Aunque...en estas fechas todo es posible, hasta…el aviso de anoche, ese aviso que bien puede haber sido un sueño”-

Los pausados giros de la cucharilla atrapan mi atención mientras intento recordar, revivir, ¿soñar de nuevo? el aviso de esta noche.
...
¡¡ PAM ¡¡ ¡¡ PAM ¡¡ ¡¡ PAM ¡¡

El impaciente sonido de la aldaba rompe sin piedad mi sueño. A tientas enciendo la luz de la mesilla y como siempre tiro el reloj. Mi mano tan dormida como el resto del cuerpo tantea el suelo hasta encontrar el maltrecho despertador, luego con un ademán mecánico pongo el contusionado regalo de mi esposa en la mesilla.

-“La una y media de la mañana”-
mascullo restregándome los ojos -“¿Quién será a esta hora?”-

¡¡ PAM ¡¡ ¡¡ PAM¡¡ ¡¡PAM¡¡

El sonido de la aldaba retumba de nuevo en el recibidor, extendiéndose por toda la casa. Una algarabía de ladridos llega desde el corral que linda con el jardín.

-”Malditos perros, Julia recuérdame que solicite en el ayuntamiento las ordenanzas municipales que rigen este pueblucho para ver que dicen referente a la presencia de perros dentro del casco urbano y también las normativas vigentes de ámbito autonómico en lo referente a la presencia de animales en ...”-


Pero Julia duerme plácidamente , ni tan siquiera la segunda andanada de aldabonazos ha inquietado “de pasada” su sueño.

Me visto lo más rápido que puedo y a trompicones bajo la escalera. Al abrir la puerta me encuentro con un variopinto grupo de vecinos encabezado por Mariano el alguacil; tras él, envuelto en una recia zamarra y aún así tiritando de frío, esta Fabián y arropada con una gruesa toca de lana negra con olor a humo de estufa, una corpulenta mujer enlutada. Su pelo recogido en un moño hace juego con el color de la toca.

-”Vaya relente que hay Don Enrique, perdone que le molestemos a estas horas, pero ha surgió un problema en la finca del Robledal , la finca que esta al norte del pueblo yendo por el camino del valle, ese camino que se cubre siempre que nieva. Allí hay una comuna de esas, de “jipis” viviendo en el viejo molino de las Grajas, ese questa junto al arroyo, na uste lleva aquí tres días y to eso le sueña a chino. Pues vera una de las “jipis”sa puesto de parto y no pue venir ni parece ser que la puen traer y…”-
-”¿Unas qué?”- pregunto sin entender -”¿Mariano que me está contando a estas horas ?”-
-”Pues eso, Don Enrique...lo que le decía y…que ma llamao el Benito, el guarda de la finca, pa ver que se podía hacer y...y...me acordao de uste y...y...me dicho pues...igual nos ayuda que para eso estamos en las fechas que estamos y me dicho pues le aviso y le pongo al corriente del caso que de seguro este hombre nos ayuda en la faena que nos traemos entre manos y...”-

La noche resultaba tan fría que las palabras del alguacil castañetean al mismo ritmo que sus dientes. En el cielo no hay estrellas ni luna que iluminen la extraña reunión de pueblerinos que tengo frente a mi, solo la farola con su luz mortecina parece prestarnos un poco de atención.

-“Mire Don Enrique, me llamo Modesta, soy la hermana de Don Cayetano, el párroco del pueblo”-

Da un paso hacia mí, sus manos aprietan la toca sobre el pecho y , al hablar, levanta la barbilla como si intentara dejar claro que “aquí estoy yo, mando yo y los demás obedecen”.

-”Mi hermano, que está en todo y no se le escapa una, ante el avanzado estado de gestación de una de esas…de esas infelices que viven en el viejo molino, había dejado el número de su móvil a …como dicen ellos...el ”compañero” de la embarazada, porque no están casados por la Iglesia ni por ningún otro rito pagano y dudo mucho que lo hagan, pero gracias a la previsora acción de mi hermano que está en todo han podido llamarnos para pedir ayuda porque el parto se acerca, aunque seguro que luego tampoco bautizaran al recién nacido, porque seguro que no serán creyentes pero para que mi hermano y yo resolvamos su problema...para eso si nos han llamado. Mi hermano, que está en todo, tras recibir la llamada del ”compañero” de la futura madre, se ha puesto en contacto con el puesto de la Guardia Civil más cercano y, en breve, acudirán los efectivos que estén de guardia para hacerse cargo de la situación y llevarnos al molino para que usted pueda atender el parto. Mi hermano ha dicho a la Guardia Civil que son necesarios tres vehículos para poder llevarnos a todos y por si fuera preciso evacuar a la parturienta o al recién nacido y es que a mi hermano no se le escapa ni una porque está en todo; y mientras que los efectivos de la Guardia Civil movilizados por mi hermano llegan al pueblo he despertado a Mariano y a Fabián para que me acompañaran hasta su casa y así agilizar los preparativos necesarios para solventar esta situación que no se nos ha escapado de las manos gracias a mi hermano ”-
-”Que esta en todo”- apuntilla Fabián por si yo no caigo en ese detalle.

Ninguno de los presentes interrumpimos el discurso que parece manar de los labios de Modesta, ni yo ni sus acompañantes ni los perros del vecino. Intento cortar la perorata con la que la hermana del párroco esta saturando esta pesadilla pero resulta imposible. La entrada de mi casa se llena , una vez más, con la oratoria incontenible de Modesta.

-”Desde hacia unos meses el viejo molino ha sido cedido por los dueños de la finca del Robledal a un grupo de “jipis”, como dicen aquí en el pueblo, que en realidad son jóvenes caídos en la desgracia de la droga y que pertenecen a un programa de rehabilitación y reinserción social para consumidores de ese veneno del demonio. Una de las jóvenes que vive en el molino es nieta de los dueños de la finca, una familia recta, honrada a la que dios le ha puesto a prueba con esta pobre desgraciada pero eso es algo que la familia no desea que se sepa y que mi hermano y yo mantenemos en secreto. Pues como les decía en un acto humanitario y por ser vos quien sois, los abuelos le han cedido el molino a esa organización o asociación o lo que sea aunque como dice mi hermano que está en todo, sin una mano que temple y haga de la rectitud un ejemplo, mal terminará el experimento”-

Modesta levanta de nuevo la barbilla y parece tomar aire en señal de una nueva parrafada pero logro adelantarme.

-“Vera Modesta, creo que deberían ponerse en contacto, como mínimo, con el Centro de Salud de la zona sanitaria para que desde allí manden una ambulancia con el personal y equipo adecuado para evacuar a la parturienta al hospital provincial o…”-
-“Mire Don Enrique, vive usted en la casa de un ilustre médico que dedico su vida a las gentes de este pueblo y que nunca, nunca, dejó un aviso sin atender fuera la hora que fuera o fuera el día que fuese así que coja el material que precise y nos vamos al
molino, la guardia civil nos llevara en su Land Rover. Lleva poco tiempo aquí, nada diría yo, y en este pueblo las cosas se han hecho siempre del modo y manera más sensato y siempre buscando el bien del prójimo; grande y encomiable ha sido y es la labor de mi hermano en ese sentido. Le aconsejo Don Enrique, como buena cristiana, que donde fuera haga lo que viera, que sirva a este pueblo tomando como modelo a Don Servanto y su... ”-


La noche estaba ganando “temperatura” en las caras de mis interlocutores, en las palabras de Modesta y en el tono de mi voz al replicar a la presuntuosa e irritante dama.

-”Mire Modesta, como médico de este pueblo y como católico practicante no creo que usted sea la persona que deba regular el funcionamiento de un equipo de atención primaria ni creo que su labor sea gestionar los avisos sanitarios, sean del índole que sean, ni determinar que o quien debe acudir al centro de salud ni...”-

La voz de un tembloroso Mariano interrumpe mis palabras mientras la boca de la hermana del señor cura se contrae en un rictus poco amigable.

-“Por allí viene un... no, por la calle suben tres Land Rover de la Guardia Civil”-

Así era, girando en la esquina de la plaza las luces de varios vehículos iniciaban una lenta y ruidosa ascensión hacia la puerta de la casa de don Ser...de mi casa. En fila de a uno tres Land Rover de la Guardia Civil se dirigian hacía nosotros.

Trato de encender un cigarro pero el frío me ha dejado las manos entumecidas. La oscura noche no da tregua a nuestra “piel de gallina”.

No ha pasado un minuto cuando la cabalgata de vehículos se detiene junto a Modesta. Del Land Rover que encabeza la cabalgata desciende, arropado con un grueso capote verde, un miembro de la Benemérita que nos saluda afablemente.

-“Buenas noches nos de dios, aunque lo de buenas noches es un decir; me llamo Mateo y soy uno de los cabos del cuartel del pueblo vecino”-
-”Buenas noches”-
contestamos al unísono como si fuéramos un coro escolar cantando un villancico.
-“Vaya noche más fría y cerrada. Venimos a petición de Don Cayetano para recoger a Don Enrique, el nuevo médico de Fuentesviejas que será usted pues es al único de la compañía que no tengo el placer de conocer”-

Nos damos la mano. Reparo en su aspecto rechoncho y en la barba cuidada que da a su cara un aspecto majestuoso. Sus ojos tienen una mirada tranquilizadora.

-”Bienaventurado sea dios que les ha traído hasta aquí con celeridad, bienaventurado dios y mi hermano que no ha dejado un cabo suelto aunque parece ser que Don Enrique esta remiso en lo concerniente a sus obligaciones como médico del pueblo y...”-
-”Modesta, haga el favor de medir sus palabras y no añadir más leña al fuego, solo digo que un aviso de parto no es algo baladí y debe gestionarse como mínimo desde el centro de salud o desde un hospital donde...”-
-”No han tardao mucho en llegar...”-
-”...y su deber como medico de este pueblo es...”-
-”...recibirá los cuidados pertinente...”-
-”¿Si quieren nos bajamos a mi bar y hago una perola de chocolate caliente con unos picatostes que...”-


La noche se llena con un babel de conversaciones que se entrecruzan y nada resuelven.

-”Estamos perdiendo un tiempo precioso y a nada conduce este laberinto de voces por lo que les ruego tengan a bien guardar silencio y escucharme.”

Nuestras miradas se dirigen a quien así nos habla. Con el embrollo de la conversación no hemos reparado en un guardia civil que ha descendido del segundo Land Rover. Al igual que el cabo Mateo su aspecto es robusto y su poblaba barba pelirroja destaca sobre el color verde de la capa que cubre su cuerpo.

-”Perdonen que alce el tono de mi voz pero creo que esta situación a nada conduce. Me llamo Gerardo, creo que apremia el tomar una decisión pues hay una mujer que, en esta noche, esta a punto de traer a este mundo un niño y ambos nos necesitan”-

Tanto Modesta como yo pretendemos contestar cuando una nueva voz se suma al belén que tenemos montado en la puerta de...de mi casa. Es Julia, mi mujer, debe ser que el coro de voces ha logrado despertarla.

-” Enrique, cientos de veces me has repetido que tu profesión es la mejor del mundo, que por encima de todo eres médico y te debes a los demás ; cientos de veces me has repetido que por nada en el mundo hubieras sido otra cosas; cientos de veces has puesto tu profesión , tu vocación por delante de mi, de nosotros y no me ha importado y...hoy, esta noche, te escudas en una absurda excusa que hace que la imagen que de ti tengo como médico se resquebraje. Esa mujer y su hijo te necesitan , nos necesitan a todos y debes, debemos, acudir a ese molino sin perder más tiempo”-


Las palabras serenas de Julia nos hacen guardar silencio. Su extraña tranquilidad me sorprende. Ella habitualmente no es así.

-”A ti, Enrique, a ti que te encantan los niños; a nosotros , Enrique, el hecho de no tener hijos nos ha distanciado...¿como puedes decir no a lo que estos vecinos te piden?”-

Reconozco que en estos momentos no me hubiera importado que la tierra me tragara.

-”Mi mujer lleva razón; todos , esta noche, llevan razón , todos menos yo. Mateo , si es tan amable , lléveme a la consulta para coger cobertores, sueros, gasas, pinzas, tijeras, hilo de sutura y todo aquello que pueda ser necesario”-

-”Suba en el Land Rover que conduce Barek, él le acercará a la consulta; mientras que yo recojo a Don Cayetano y el resto de los vecinos se va con Gerardo”-

Y en un momento todo lo que eran discusiones y tiriteras se convierte en prisas y amabilidad. El cabo Mateo al volante del primer Land Rover marcha, acompañado de una victoriosa Modesta, en busca de Don Cayetano mientras que Fabián y mi mujer se montan en el Land Rover que conduce el cabo Gerardo para seguirnos hasta la consulta.

-“Un parto en un molino que hay junto a un arroyo, vaya aviso... pero si yo no he atendido nunca un parto; un parto a las dos de la madrugada de un veinticuatro de diciembre, solo falta Luis García Berlanga vestido de paje a la entrada del dichoso molino”- pienso mientras acompañado del guardia civil paso a la consulta para recoger…¿para recoger?...con lo sencillo que resultan estas situaciones en las películas del oeste... basta con agua caliente, sabanas limpias y poco más.

Barek resulta ser un espigado y servicial joven de color.

-”Vaya noche que tenemos doctor, menos mal que se esta abriendo y hay más luz”-

Es cierto, las nubes que cerraban el cielo estaban desapareciendo , era como si la luna y las estrellas desearan hacer más sencillo nuestro viaje.

El camino hasta la finca del Robledal resulta ser un sinuoso y huidizo trazo de tierra que se adivina entre lindes , campos de cultivo, barbechos, mojones y umbrías; los baches y desniveles hacen que codazos y cabezazos se repartan sin miramiento entre los ocupantes de los vehículos.

-”Este camino es un calvario”- las manos de Barek se aferran al volante- “ Estoy cubriendo la baja por enfermedad de un compañero pero me merece la pena solo por hacer este servicio. En estas fechas las situaciones de este tipo son muy frecuentes desde hace años”-
- “...si él lo dice”- pienso mientras intento no golpearme otra vez con el alguacil.
-”Esta camino baja hasta el valle que la nieve siempre cubre cuando nieva por esta comarca”-

Mariano , en ausencia de Modesta, decide “amenizar” el viaje contándonos todos los datos que “maneja” sobre los habitantes del molino. Nada como una voz versada para hacer el trayecto más “agradable” .

-”Los “jipis” han reparao el molino y los dos establos que están al lao, se ganan la vida haciendo baratijas de cuero y madera y jabones de olores que luego venden en los mercadillos de los pueblos cercanos; también hacen teatrillos de guiñol, títeres y enseñan a los críos del colegio acer cacharros de barro; así de esta y aquella manera se sacan unos euros pa ir tirando. Los miércoles acuden al mercao de Fuentesviejas. Los “jipis” no son muchos, esta la mujer embaraza que ahora recuerdo que se llama María y siempre lleva los labios pintaos de azul; está su... lo que sea, su compañero , su marido, lo que sea, hay un gallego que dice ques poeta , una argentina que siempre lleva unos escotes que...uff, una pintora que recoge hojas secas para hacer cuadros, y unos cuantos más...ah y un manchego que hace chapuzas de albañilería y una francesa que dice que poniendo las manos cura”-
-”¿Reiki?”-
pregunto.
-”No, no se llama así, creo que se llama Camila o algo perecio”-

Después de unos kilómetros que se me hacen eternos entre codazos, cabezazos y saltos del vehículo y la instructiva charla del alguacil, aparece ante nosotros el viejo molino. De sus orgullosos días de faena aún conserva toda la robustez de sus paredes, la techumbre, el saetino y la antigua balsa; a la luz de la luna la rueda de paletas parece muy deteriorada. Junto a la entrada del molino, apoyadas sobre la pared, las piedras durmiente y volandera tienen un merecido descanso tras años de intenso trabajo.


Uno tras otro los vehículos detienen su marcha frente al viejo molino, en cuya puerta nos aguardan algunos de sus “inquilinos”.

-“Que bueno que llegaron; rápido, rápido, María les aguarda”- nos apremia una joven rubia que , por el escote que lleva supongo será la chica argentina.

Sobre un camastro, en la habitación que hace las veces de...de todo esta María; su rostro no expresa dolor alguno, todo lo contrario, fue mirar a sus ojos y supe, supimos de repente, todo lo que debíamos hacer... fue como si por un tranquilizador milagro todo los protocolos médicos que atañen a un parto manaran desde mi cabeza a mis manos.

-“Buenas noches, doctor, me llamo JJ y soy el compañero de María; ya viene mi hijo, él aguardaba vuestra llegada”-

Y así fue; entre el sudor, bajo la luz de las estrellas y rodeado de gente humilde y bondadosa una nueva vida llegaba a este mundo entre las paredes maltrechas de un viejo molino. Todo fue sencillo, mágicamente sencillo, un par de empujones y..

-”María, es un niño, un niño precioso”-

Julia me abraza mientras el resto de la comuna rodea a María que sonríe mientras envuelve al recién nacido en una manta roja. No hace nada de frío, la noche nos regala un remanso de paz.

JJ, cuyo nombre real resulta ser José Jumilla, permanece de pie al lado de María mientras Don Cayetano habla con los guardias civiles explicándoles “brevemente” que gracias a que él está en todo y no se le pasa una el parto había terminado como dios manda.

- “El Fabián y la Modesta están llorando”- espeta el alguacil.
- “Es que a mí estas cosas me impresionan“- balbucea Fabián secándose las lágrimas.
-”Todo ha salido bien, mañana volveré para ver a la madre y al niño. Quiero que os paseáis por el hospital provincial lo antes posible para realizar las pruebas sanitarias pertinentes... ¿entendido?”-
-“Si, Enrique, así sea”-
-“¡Jesús, que noche más completa hemos vivido¡”-
rubrica Modesta.
-“Jesús..es un nombre bonito, para el niño”- la voz de María es dulce-“¿Qué te parece JJ?”-
- “Si, es un nombre muy apropiado para estas fechas”-
-“En mi nombre, en el nombre de mi hijo deseo, deseamos daros a todos las gracias y tú, Enrique, recibe una muestra de mi gratitud”-


Y María , incorporándose, deja un suave beso en mi mejilla derecha.

La noche acaricia la puerta del viejo molino, esa puerta custodiada por dos viejas ruedas de moler tan voluminosas …casi tanto como... ¿una mula y un buey?.


En un rincón olvidado del mundo ha nacido un niño que, gracias a Modesta, se llamará Jesús.

¡¡ RINGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG ¡¡

La alarma del despertador resulta impertinente a estas horas. Abro los ojos , a mi lado Julia duerme plácidamente. Sonrío recordando.

-“Vaya sueño que he tenido. Tres guardias civiles, uno de ellos negro, una tal Modesta , Fabián, Mariano, un parto en un viejo molino , María , JJ, las “jipis”... este pueblucho te esta afectando Enrique y eso que llevas aquí pocos días”-

Una buena ducha me espabilará del todo. Hace frío en el cuarto de baño de hoy no pasa que busque un fontanero, si en este pueblucho hay uno seguro que el alguacil me...

-“No, no puede ser, no puede estar ahí”-

Mis ojos no dan crédito a lo que ven pero lo cierto es que está ahí, ahí, en mi mejilla derecha; esta ahí desafiando toda lógica, esa lógica que en estas fechas bien pudiera estar fuera de lo creemos lógico.

-“No, es que no puede ser”- insisto levantando mi voz -“Pero si todo fue un sueño… un sueño, seguro que fue eso, un sueño”-

Arrastro mi gesto de sorpresa hasta la cocina.

-“Una taza de café, una humeante taza de café seguro que me espabila del todo”-

Abro el destartalado armario donde Julia guardó el bote de Nescafé Classic y me preparo una taza bien cargada. Miro el reloj.

-“Las ocho de la mañana”-

Un par de sorbos y al menos mis manos y el paladar entran en calor, los pies tardaran, el suelo de esta cocina está frío.

Me toco despacio la mejilla derecha.

-“Es que no, que no puede ser; ni siquiera Julia se lo creerá cuando le cuente… a pesar de que ella, ella también, también estaba allí”- una sonrisa se dibuja entre mi baldío proyecto de barba -“Aunque...en estas fechas todo es posible, hasta…el aviso de anoche, ese aviso que bien puede haber sido un sueño”-

Pero ahí, ahí, sobre mi mejilla derecha desafiando toda lógica, esta la huella azul de unos labios, de los labios de una “jipi” llamada María que fue madre de un niño en el viejo molino de las Grajas, ese que esta junto al arroyo.


(Fotografías y texto de Jaime V.)

Los vecinos de Fuentesviejas de Almenara os deseamos unas Felices Fiestas y un año nuevo donde los problemas y las diferencias sean olvido, donde la paz nos permita borrar las fronteras, donde los más desfavorecidos encuentren al menos un lugar como el molino de las Grajas, sin Modestas, pero con una perola del chocolate de Fabián.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Julia frente al espejo

Abro los ojos, por un momento no recuerdo donde estoy , el silencio invade el dormitorio.

-”La mudanza, Fuentes Viejas, la casa de Don Servando”-

Los recuerdos de las últimas horas se amontonan en mi cabeza. Anoche , agotada, me derrumbe en la cama. Ni cené tal era mi cansancio.

-”¡Enrique, Enrique”-

Mi voz rompe el silencio de la casa.

-”¡Enrique, Enrique¡”-

Elevo el tono de mi voz pero Enrique no contesta. No es la primera vez que me despierto sola, no es la primera vez que Enrique no contesta. Medio desnuda me acerco al balcón , fuera la calle está vacía, tan vacía como la casa.

Será mejor que me vista y busque a mi marido. No se que ponerme, nunca se que ponerme. Hago un trato conmigo misma, me pondré lo primero que encuentre. En una de las cajas de la mudanza, apiladas junto a la pared, la meticulosa letra de Enrique deja muy claro que encontraré “ropa de Julia”

-”Unos jeans anchos y un blusa azul; algo banal, desenfadado”-

Me siento destemplada, cansada; debería ducharme pero el calentador no funciona, igual Enrique ha ido en busca de un fontanero.

Cruzo la puerta del dormitorio, el pasillo se aleja en forma de ele para terminar en una habitación abuhardillada donde , desde el primer momento, decidí montar mi humilde estudio de pintura. Descalza me acerco hasta su puerta.

La habitación tiene unos tres metros de largo por cuatro metros de ancho pero, aunque no fuera más grande que una cabina de teléfono, me daría igual. Frente a la puerta hay un ventanal de tres cuerpos que se asoma al jardín y que ocupa casi toda la pared. Las vigas de madera del techo descienden hasta descansar sobre el dintel del ventanal.

Tengo una sensación difícil de describir, una sensación de paz, de seguridad, de calor.

Recorro con la mirada la habitación, si, será mi estudio, mi escondite, mi huida. La decoración no puede ser más minimalista, una destartalada silla de costura ocupa el centro de la habitación, aguardando que alguien abra la puerta una vieja cesta de mimbre cuelga de un clavo oxidado y frente al ventanal, apoyado en la pared , el espejo que me regalo tía Fina refleja la luz que llega del jardín.


Ahora recuerdo que Vasile dejó aquí el espejo a petición mía.

Seguro que disfrutaré “escapando” escaleras arriba, cuando Enrique se ausente, para organizar mi estudio, para pintar o tan solo para tumbarme descalza sobre la alfombra mientras sueño que…mientras huyo de…¿de?.

Tal vez alguien de este pueblo...tal vez alguien desee recibir clases de pintura y...en Madrid daba clases particulares de Ingles aunque a Enrique no le parecía bien.

Pintaré las paredes de color gris oscuro dejando aquí o allá ladrillos sin cubrir para romper la monotonía, a veces se puede decorar con vacíos. Cubriré el suelo con la alfombra multicolor de lana anudada a mano que me regaló la hermana de Enrique así podré estar descalza mientras pinto; ya se que una alfombra no es lo mas aconsejable para un estudio de pintura pero esté será mi estudio y me gusta pintar descalza. Deseo estar descalza y sentarme sobre la alfombra.

He de comprar varias estanterías de madera , como las que tengo...bueno, como las que tenía en Madrid, las pintaré de color miel; compraré alguna cajonera , un par de taburetes, y un par de mesas con ruedecillas. Situaré dos caballetes de manera que la luz se vierta sobre los lienzos desde la izquierda; me gusta emplear más de un caballete para así cambiar de tema y, descansar de un lienzo, pintando otro diferente o solo tener la sensación de espacio donde perderme. En las estanterías y cajoneras guardaré todos los útiles que precise para pintar.

Pienso decorar las paredes del estudio con algunos de mis cuadros y con algunas láminas de mis pintores más admirados; entremezclaré reproducciones de Cristóbal Toral de Antonio López García, Revello del Toro, Carmen Laffón, Esteban Vicente y Edward Hopper.

Bajo el ventanal pondré el viejo escritorio de mi padre como superficie de trabajo y frente al ventanal, tal como está ahora, dejaré el espejo que me regaló tía Fina, la única hermana de mi padre.

Como olvidar a mi querida tía Fina.

Mi tía Fina era la oveja negra dentro de una familia católica, apostólica y de Segovia.

Tía Fina ostentaba ese galardón con orgullo para “inri” de mi padre y vía crucis de mi madre pero, tanto mi hermano como yo, queríamos con pasión a nuestra excéntrica y pizpireta tía.

-“Es para compensar las virtudes teologales de tu madre; ser el garbanzo negro en esta familia no tiene merito, tus padres me lo ponen muy fácil”- su dulce voz siempre embriagaba mi oído.

Creo que la única persona capaz de sacar de sus casillas a mi padre era ella, bueno…tía Fina y mi madre.

-“Tu hermana es un mal ejemplo para Julia, confunde la libertad con el libertinaje y arrastra el apellido de la familia como si fuera una estera; en Segovia nos conocemos todos por lo que nombrar a tu hermana entre algunas de nuestras amistades nos hace parecer lo que no somos”-

Mi madre nunca soporto, entendió o al menos intentó entender a su cuñada.

Tía Fina siempre tenia en sus labios alguna frase que hacia resoplar a mi padre, alguna excusa en forma de jaculatoria para detener las “puntadas” de mi madre y algún secreto para hacer ruborizar a de más de un conocido con aires de apostolado.

-“Disfruto sabiéndome la oveja descarriada, no deseo tener un reclinatorio de honor en el redil de las personas como tu madre. Siempre me he sentido plenamente realizada viviendo la libertad de mi mente, de mi cuerpo y de mi ajetreado corazón sin tener que dar explicaciones a nadie y el corazón, mi querida niña, el corazón me lo robó un empleado de banca, de nombre Tristan, vasco para más señas, que resulto estar casado en su San Sebastián natal”-

Y reía ; la sonrisa de mi tía era un calco de la de mi padre y su mirada nunca perdía ese magnetismo que envolvía su rostro.

-“Mi querida Julia, mi niña, soy la Isabel Presley de Segovia. Me critican aquellas personas que envidian lo que he vivido porque si eres como los demás, no reparan en ti. Recuerda que los sueños son caprichosos y debemos aguardar con paciencia su llegada”-

Sus palabras , siempre, iluminaban mi cara y daban forma a mis sueños.

Su casa bien pudiera haber sido una tienda de antigüedades; estaba llena de recuerdos de viajes, de regalos de sus “amantes sin nombre”, así era como mi tía llamaba a sus conquistas. Bargueños, un par de mesas de caoba, varias cómodas de acabado clásico, un despacho en madera de estilo inglés, jarrones italianos, lámparas de cristal o de alabastro decoraban las habitaciones de su casa de Navas de Riofrío.

Camafeos , broches, pendientes, pulseras, gargantillas escondían románticas historias que, tía Fina, solía contarme a escondidas de mis padres; pero su joya más preciada, su recuerdo más intimo era el espejo que presidía su dormitorio.

-“Mi querida niña, si este espejo le contara a tu madre solo la mitad de cosas que ha visto. Algún día será tuyo. Frente a su cristal me he vestido para mis citas veniales y desnudado para las mortales. Frente a él he contemplado mi cuerpo y perfumado cada intimo rincón de mi piel. Se siempre atractiva, deseable, para todos los sentidos del hombre”-

Ella nunca se casó, el gran amor de su vida estaba casado con otra. Tuvo infinidad de amantes pero su corazón quedó atrapado en la luna plateada del espejo.

-“Mi querida niña, el espejo tiene voz y algún día te llamara. El espejo es masculino, no lo olvides “- Tía Fina me resultaba intrigante- “Algún día te llamara. No sabes cuantas veces su voz de plata me ha empujado fuera de casa o ha alejado mis pasos de la barandilla que separaba mi vida del vacío, no sabes cuantas veces su voz ha sido el amante fiel de una noche de greda y champán. Mi querida niña, muestra tu cuerpo a su plata y la voz del espejo te descubrirá las fantasías que no creías esconder”-

Si mi tía decía que se espejo tenia voz yo deseaba escucharla mientras guardaba los secretos que la edad de esa mujer me entregaba en confianza.

El espejo debía ser muy antiguo, era de estilo clásico; la luna, biselada, parecía tener “aguas”; el marco de madera tallado a mano y acabado en pan de oro estaba adornado
con arabescos en forma de hojas y tallos que recordaban, o así me parecía, cuerpos desnudos de mujer que se alargaban y entrelazaban como la hiedra.

Ciertamente era una joya, quizá aun más por el valor sentimental que mi tía le otorgaba.

-“Fue un regalo de Tristan; creo que perteneció a su madre y a antes a su abuela. Tristan sabia como adular a una mujer. El mismo colgó el espejo frente a nuestra cama, a Tristan le gusta ver como hacíamos el amor”-
-“Tía…”-
-“En este espejo duermen todos los momentos ardientes que dos cuerpos, que se aman, saben tejer; instantes que me llevare a la tumba”-


Y mi tía sonreía mientras revivía sus recuerdos.

-“Aunque no me moriré sin dejar caer…a tu madre…que su primo Bernabé es un pésimo amante en la cama y que su cuñado Bautista me suele mandar, a escondidas, algún que otro ramo con trece rosas rojas como detalle por un par de favores…inconfesables…que le hice hará unos años”-

Y fiel a su palabra, en la celebración de un cumpleaños de mi madre, como regalo inesperado puso al corriente a la agasajada de todas esas, digamos…”minucias sin importancia”. Creo que mi madre nunca olvidara su cincuenta cumpleaños, ni mi madre ni el resto de los invitados, entre los cuales estaba Bautista y su repentino ataque de tos nerviosa.

Unos días antes de mi boda tía Fina me regalo su espejo, el espejo donde guardaba aquellos momentos vividos con Tristan y con…sus “amantes sin nombre”. El espejo llego a mi casa perfectamente embalado y con una nota que decía:

“Mi querida niña, muestra tu cuerpo a su plata y la voz del espejo te descubrirá las fantasías que no creías esconder”

No sabia , nadie de la familia sabia, que mi boda seria una de las ultimas veces que veríamos a mi tía; nunca nos dijo nada , ni tan siquiera a mi, un cáncer de pulmón había hecho estragos en su cuerpo pero no en su espíritu ,en sus ganas de aprovechar cada gota de cera de la vida que se apagada.

Hasta en los últimos instantes de su vida , su mirada conservó su bella serenidad y en su sonrisa se dibujaba la satisfacción interior de quien al menos ha intentado conjugar todos sus sueños más preciados, de quien no ha permitido que las pesadillas fueran la conciencia apostada a la cabecera del lecho.

Siempre fiel a su forma de entender la vida dejo la mayor parte de sus bienes a varias asociaciones relacionadas con la lucha contra el cáncer y, siempre ella, dejó pagadas trece misas en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Segovia para garantizar la salvación del alma de mi madre, una por cada rosa roja.

Sonrío.

-“Cuanto te añoro, tía”-

Esta habitación será mi estudio, mi huida sobre la silenciosa superficie del espejo, tan silenciosa como yo, tan desolada como mi mundo.

Por algún motivo, seguro que por más de uno, aún cuando los años han seguido su curso me siento más cerca de la joven que soñaba escuchando las palabras de tía Fina que de la mujer capaz de hacer feliz a un hombre, a su marido. Nunca fui ni necesite ser una luchadora, sobreviví cómodamente sin saber que conjugaba ese verbo hasta llegar a lo que ahora soy…no se muy bien a qué.

Sobre su luna encuentro a una mujer a quien no siempre conozco, que a veces me desespera por su conformismo, que a veces me protege de todo aquello que amenaza la seguridad de su enroque. Desearía ser capaz de cambiar a Julia.

Y recuerdo.

-“Mi querida niña, si este espejo le contara a tu madre solo la mitad de cosas que ha visto. Algún día será tuyo. Frente a su cristal me he vestido para mis citas veniales y desnudado para las mortales. Frente a él he contemplado mi cuerpo y perfumado cada intimo rincón de mi piel. Se siempre atractiva, deseable, para todos los sentidos del hombre”-

Miro a la mujer que me habita, esa mujer que se esconde en un cuerpo aún apetecible ; miro su pelo castaño cortado en una melena que descansa sobre los hombros, los ojos verdosos siempre atrapados tras una mirada que huye de las preguntas y de las respuestas; las pestañas cercan mis ojos, largas, espesas sin necesidad de rimel; los labios vestidos de rojos, perfilados no muy gruesos pero apetecibles; la frente ancha, sin arrugas ,la cara ovalada , frágil; la barbilla angulosa pero suave; las manos finas, calmadas , vergonzosas a veces de su tacto.

A medida que recorro la imagen que me entrega el espejo los dedos de mi mano derecha desabrochan uno a uno los botones de la blusa, lentamente resbala desde mis hombros hasta el suelo. No detengo su caída. Deseo verme, olerme, tocarme, saciar mis sentidos. Nunca antes me había desnudado intentando ver a Julia con los ojos de Julia

Encuentro, sobre el espejo, mis pechos redondeados y firmes atrapados en un sujetador que hace tiempo debí tirar; mi vientre ácimo, mis caderas…sedientas.

Desabrocho mi sujetador. Mis pechos se mantienen firmes, mis pezones aparecen desafiantes, duros, erectos. Mojo los dedos en mi saliva y dibujo un sendero desde el centro de mis pechos hasta el ombligo y desde ahí al elástico de las bragas. Me detengo. Nunca antes había recorrido mi cuerpo, no creo saber como hacerlo, hay cosas que nunca se aprenden o se llega tarde a la primera lección.

Acaricio mi cintura como si buscara un alfiler sobre un mantel. Suavemente. Cierro los ojos. Mi tacto se desliza , íntimo, por encima del pantalón; mis ojos continúan cerrados. La sangre se agolpa en las yemas de mis dedos. Siento.


Mi mano desabrocha el pantalón…yo no, mi mano.

Continúo sin abrir los ojos. Dibujo atajos. Senderos palpitantes. La piel es un desierto que se enerva mientras me desnudo sin mucho acierto.

-“El espejo pensará que soy un desastre de mujer después de contemplar a mi tía”-

Me sorprende ese pensamiento que no se de donde nace. Deseo sentir...sentirme, quizá aprenderme o puede que empezar a recordarme, pero me cuesta…no sé.

Mis ojos continúan cerrados. Frente a mi solo esta el espejo, frente al espejo mi turbada desnudez.

Me siento en el suelo, frente al espejo. El suelo esta frío, sucio. No importa. Me bajo el pantalón, desnudo mi sexo. La luz de la mañana baña mi cuerpo. Adivino mi flaqueza pero no me detengo. Siento vergüenza al verme frente al espejo pero necesito
verme, deseo saber quien está frente a mi.

Mis dedos o la plata del espejo…no se…la braga se desliza despacio a lo largo de mis piernas. Piernas rectas, nerviosas. Noto seco el paladar.

Extiendo la mano y toco la imagen atrapada en la luna del espejo. Siento como si miles de ojos recorrieran mi desnudez.

-“¿Julia?”-

Separo las piernas. Inquieta busco mi sexo en el espejo pero solo acierto a encontrar la imagen de la habitación aún vacía , tan vacía como yo.

Escondido tras el ensortijado vello esta mi sexo…palpitante. Dejo la mano quieta intentando callar su pudor. Acentúo levemente la presión de mis dedos y respiro el ozono de las tormentas.

Jadeo. Escucho mi respiración.

El vaho de mi boca besa el cristal del espejo. El espacio se diluye. La luz del día desborda las ventanas. Soy una sombra en el espejo. Julia llena sus pulmones y estalla.

Estoy húmeda, Se que estoy húmeda, lo se, mi tacto es cómplice. Es la voz plateada del espejo quien me desinhibe, quien me hace ser otra Julia. Siento arder mi sexo, siento vergüenza y placer mientras mi sexo late oculto bajo mi mano.

En tensión, desnuda, descalza, no se continuar, no soy capaz de llegar hasta el interior de mi sexo, no concibo dentro de él otra cosa que no sea el sexo de mi marido.

-“He olvidado como es el sexo de Enrique, he olvidado como es mi sexo”-

Ese pensamiento me desborda, me derrota. Cierro las piernas y de nuevo siento una humedad soledad, siento un frágil aroma en mis dedos, siento menguar la distancia entre mi cuerpo desnudo y la imagen del espejo., siento temblar mis labios, siento arder mi respiración.

Siento.

Desearía saciarme de todo aquello que desconozco, que no me atrevo que no se buscar; si...deseo, desearía…desearía…

-“¡Julia ¡-

La voz de Enrique resuena en la planta de abajo.

-“¡Julia, vengo de tomar un café¡”-

Oigo el ruido de la puerta de la entrada al cerrarse. Un seco portazo mientras mi sexo...

-“¿Pero donde estás?”-


Grito, miento, no deseo que me encuentre así...inacabada.

-“Estoy arriba, ahora mismo bajo; ahora mismo”-

Me visto lo más rápido que puedo, torpemente, tan torpemente como me desnude. Miro al espejo, bajo el vaho del cristal me parece adivinar el cuerpo desnudo de una mujer atrapado entre su tacto y el tacto de un sueño.

-“Date prisa , el alguacil esta al llegar. Siempre igual , siempre esperándote para todo”-
-“Ya bajo, cariño”-

Antes de salir, mientras abrocho el último botón de la camisa, miro de reojo al espejo. La mujer ha desaparecido pero mi sexo aún esta húmedo y mi paladar seco.

-¡Julia¡- la voz de mi marido resuena escaleras arriba.
-“No subas, ya bajo”-

De nuevo miento a Enrique, puede que yo baje las escaleras pero Julia…Julia…aún late frente al espejo, bajo la plata de su tacto.

El vaho del espejo se retira lentamente reflejando la soledad de una habitación , tan vacía, como yo; pero por fin he escuchado, he sentido, he tenido en mí, la voz del espejo.

Julia, yo...siento.


(Fotografía superior y texto de Jaime V. , fotografía inferior ha sido cedida por una lectora de este blog)

lunes, 19 de octubre de 2015

El café de Fabián

Apenas he logrado conciliar el sueño unas horas, no he querido tomar un Lorazepam, pensaba que el cansancio de la mudanza, el ajetreo de vaciar las cajas , decidir donde va cada cosa, ordenar nuestra ropa, colocar los libros, fregar los suelos y adecentar en la medida de lo posible esta inmensa casa me llevaría derrotado a la cama, pero no a sido así, no al menos en mi caso.

Prefiero restar importancia a nuestras primeras horas en Fuentes viejas, a la actitud apática y derrotista de mi mujer.

Julia duerme como una bendita, a veces finge estarlo pero esta vez no; ella también esta cansada, supongo que tanto como yo. Prefiero no despertarla. Me fijo en sus brazos, en sus manos, bajo las sábanas su cuerpo se dibuja frágil pero voluptuoso. Envidio a Julia, cierra los ojos y un segundo después está profundamente dormida, como ahora.

Me visto en silencio. El agua del baño sale helada, tendré que avisar al fontanero para que revise el calentador, si es que en este pueblucho hay fontanero. He de decirle a Julia que planche un par de camisas.

El comportamiento de mi mujer había cambiado en los últimos meses aunque para que engañarme, ella siempre ha sido así , digna hija de la inseguridad de su madre y de la comodidad social de su padre. Cuantas veces mi familia intentó abrirme los ojos y hacerme ver las cosas como eran pero pensé que con el tiempo todo , ella, cambiaría pero...


Enciendo un cigarrillo más por costumbre que por ganas de fumar. Salgo a la calle, la mañana es fresca. El pueblo parece profundamente dormido, se respira una pegajosa sensación de tranquilidad, de paz, no hay ruidos, no hay coches, huele a quietud, a…. ¿a vaca?.

-”Nada es del todo perfecto”-

Doy una calada honda , si alguien me viera pensaría que no es un buen ejemplo que el nuevo médico fume pero quien me puede ver a estas horas. Si antes lo pienso antes aparece una anciana vestida con un habito negro y un delantal. Cruzamos las miradas, me saluda sin detenerse:

-”Buenos días nos de Dios”-
-”Buenos días”-
respondo.

No se donde ir, siento que el tiempo no corre en este pueblucho. Decido por un paseo y dejar que Julia duerma un poco más, aún nos queda trabajo en la casa de D. Servando, en nuestra casa.

Frente a mi se abre la calle hasta desembocar en una plaza. Un poco más arriba de la casa, de nuestra casa, hay una oficina de la Caja de Ahorros, bueno, al menos la nomina estará cerca. Me dirijo a la plaza, allí un par de mujeres cogen agua de la fuente. Me saludan pero finjo no escucharlas. Otras dos mujeres se acercan a la fuente con unas garrafas de plástico, acelero mis pasos y cruzo la plaza . Escucho como el borboteo del agua se mezcla con sus cuchicheos.

El tintineo de una campanilla me hace girar la cabeza; a mi izquierda, en un ajado rotulo se lee “Bar La Plaza”, por la puerta entreabierta escapa un agradable olor a café.

Un café a estas horas será reconfortante. Entro en el bar, un señor de mediana edad vestido con un mono azul lleno de manchas multicolores limpia el mostrador. Visto su indumentaria de trabajo dudo si salirme o no.

-“”Buenos días”-
saluda sin dejar de limpiar -”¿Un tempranero café de puchero?”-
-“Si, gracias”-


El bar es un rectángulo perfecto, no tendrá mas de 60 m2, la puerta se abre el centro de la fachada y esta flanqueada por dos ventanas, a través de una de ellas sale a la calle el tubo de una enorme estufa que domina el centro del local; frente a la puerta el mostrador ocupa todo el ancho de la pared marcando una frontera entre el territorio del cliente y el del dueño. Las paredes estaban llenas de cuernas de venado y ciervo, sobre la octogenaria caja registradora, una verdadera antigüedad, hay una dentadura completa de jabalí haciendo las veces de fiel Doberman al cuidado de la recaudación.

Un laberinto de estanterías hacen las veces de confortable retiro para una infinidad de botellas con licores de marcas que no he oído pronunciar ni solicitar en sus ágapes de trabajo. En la esquina derecha del fondo , a media altura, hay un viejo reloj de estación ferroviaria, precioso y muy bien cuidado.

Seis mesas de madera con sus respectivas sillas se reparten amigablemente el local y en el centro del mismo la vetusta estufa de hierro forzado es la encargada de arremeter contra el frío que se cuela con los clientes. Huele a limpio, a partida reñida de cartas, a las fichas del domino al impactar sobre las mesas y se distingue la mirada de derrota en las manos del que llevaba el seis doble.

-“¿Eres nuevo por aquí?- pregunta el posible dueño ocultando la bayeta bajo el mostrador -”No te había visto antes”-
- “Llevo aquí solo un par de días”-
evito decir quien soy.
-“Me llamo Fabián como mi padre, y este mi bar, que ahora es mío y de la mujer, antes fue de mi padre que también se llamaba Fabián y antes fue de mi abuelo”-
-”¿Que también se llamaba Fabián?”-

-” No , se llamaba Ulpiano.”- me sirve una taza de humeante café -”¿Trabajas de encargado o de administrador en alguna finca o estás de paso?”-
-”¿De encargado...?”-

Fabián no me deja contestar.

-“Como vas tan bien vestido ”- continua interrogándome Fabián -“¿Que estás en la finca Grande, en la del Tejar, en la finca de los Sauces…?-

La taza de café, café de puchero, humea frente a mí como si aguardara paciente mis respuestas.

-“Tomatelo caliente y luego date un buen viaje de ese coña que te va a sacudir hasta los higadillos, que tienes una cara de sueño que llama a las bienaventuranzas”-

Sonrío de mala gana, tanta confianza por parte del camarero al que no conozco de nada empieza a incomodarme; pero, claro, no sabe quien soy , seguro que si lo supiera me trataría con el respeto que debido.

El tintineo irritante de la campanilla interrumpe mi respuesta.

-“Buenos días a la parroquia”-

Resulta sencillo adivinar la identidad del nuevo cliente, uniforme azul, gorra de plato y chapa metálica sobre el bolsillo de la chaqueta en la que gallardamente luce la palabra “alguacil”.

- “¡¡Hola Canillas¡¡” -
-“Ponme un café cargao de combustible”-


El café cargado de combustible debe ser lo que habitualmente tomaba el tal “Canillas” ya que antes de que hablara, Fabián , esgrimía la botella de anís en su mano.

-“¿Súper o normal?”-
-“Normal, que aún es mu temprano pa tirar del otro carburante”-
-”¿Que haces aquí tan tempranero?”-
-“Na, empachos ajenos que le cargan a uno, pos veras que dice el alcalde que ma cerque en ca D. Servando por si tengo que echar una mano al médico nuevo”-
-¿Ya tenemos médico nuevo?”-
-“Viene de Madrid , va a vivir en ca Don Servando, esta casao. Trajeron las cosas, pocas, en un camión y no han salio de la casa pa na. Su vecina, la Virtudes , que los vio, dice que parecen mu estiraos y que ella es mucho más joven que él y que él esta mu bien de persona pero que fuma mucho. Me dijo la Virtudes quen el camión traían muchas cajas pero pocos muebles , cosa de na, si hubiera sido una mudanza en condiciones como me llamo Mariano que hubieran traio más cacharros, pero es que quieren pintar la casa a su gusto y adecentala como la que tenían en la capital. La mujer no habla na , la Virtudes dice que solo se le oye a él. Ya te digo, mu estiraos. Anda Fabián arreame un culo de combustible pa rebañar los posos del café”-
- “Anda , golondrino, que vaya ayudante va a tener el médico contigo porque tú eslomate lo que se dice eslomate…na de na “-


El culo de combustible “arrebañador “y los posos del café desaparecieron, garganta abajo, del vaso de Mariano “el Canillas”.

-”Bueno, pos me voy en ca Don Servando”-
-“Yo también he de irme, tengo que bastante trabajo aguardando en casa”-
por fin, he podido articular una frase larga.
-“Al final te vas sin decime en que finca trabajas”-insiste Fabián.
-“Mi nombre es Enrique y no trabajo en ninguna finca, soy el nuevo medico, el estirao”-

Las caras de Fabián y de Mariano son , como se suele decir, un poema ; plantados frente a mi tardan unos segundos, que parecen eternos, en articular palabra.

-¡¡ Coño ¡¡-
-¿Uste?-
-“Si”-
afirmo con un tono vehemente.
- “¿Que habrás pensado de nosotros al escucharnos”-
-“ Habrá pensado, habrá pensado”-
intento dejar claro, con el tono de mi voz, que no soy un cualquiera al que se le pueda tratar con...digamos una cierta familiaridad...que no he dado en ningún momento.
-”Perdónenos, es que...”
-”No pasa nada pero es mejor dejar las cosas claras para evitar situaciones incómodas; le aguardo, Mariano, en la que es mi casa, en el número trece de la Calle Mayor ”-


Salgo a la calle, en el bar quedan Fabián y Mariano todavía perplejos seguro que engrasando las “rotativas”. El alguacil se tomará otro “culo de combustible”, creo que le hace falta para recuperar el tono muscular antes de ir a mi casa; luego , supongo, pondrá al día a “la Virtudes” sobre lo “estirado” que soy; ya imagino al “Canillas” diciendo de puerta en puerta:

-“¿A que no sabes quien estaba esta mañana en el bar del Fabián tomando un café de puchero?”-



(Fotografías y texto de Jaime V.)

lunes, 21 de septiembre de 2015

La casa de Don Servando

-“Lo mejor será que nos acerquemos al Ayuntamiento para que me indiquen donde esta la casa de Don Servando por si fuera necesario cumplimentar algún tipo de documento o bien realizar aquellos trámites que sean pertinentes”-
-“Si, creo que es lo más lógico, cuanto antes sepamos donde esta su casa antes podremos vaciar el camión , terminar la mudanza y volver a Madrid; además su señora necesita descansar, parece no encontrarse nada bien”-
-“Eso haremos, Vasile. Vaya viaje que me ha dado mi mujer”-


Dentro del coche Julia permanecía con los ojos cerrados, solo deseaba dormir un rato, una hora , dos; solo un rato y… ¿y?..la verdad es que no sabía con certeza que deseaba.

Una tercera voz se suma a la conversación, era una voz rota pero afable. Tal es su agotamiento que Julia apenas acierta a entender alguna frase entrecortada y palabras sueltas.

-”To recto pasando la calle de las escuelas , tuerza la segunda bocacalle a la derecha y llega en na a la plaza donde está el Ayuntamiento que tie la fachada recién pinta ,suba y pregunte por el Canillas”-
-“Entonces me aconseja usted que me acerque al Ayuntamiento y pregunte por...por…?-
-“Por Mariano el canillas, es el alguacil, seguro que le pue ayudar y a estas horas pue que esté allí o igual no porque al Canillas, que así le apodamos al alguacil, no hay quien le controle, igual sa subio a la eras que esta en el parque o atizandose una copa en el bar del Cosme”-
-“Aguarde aquí, Vasile, me acercaré al Ayuntamiento procuraré demorarme lo menos posible y realizar las gestiones pertinentes”-
-“Na, que no se preocupe, aquí arrimaos a la bascula no estorban ni el coche ni el camión”-
-“Tranquilo, Don Enrique, tarde lo que precise, cuidaremos de su señora”-
-“ Sino está el Mariano seguro que está el Benjamín ques el administrativo”-
-“Muchas gracias”-
-“De na que pa eso estamos”-

El cansancio, el abatimiento, hacen que Julia mantenga los ojos cerrados mientras intenta recuperar sus fuerzas; necesita sentirse protegida, necesita sentirse capaz de afrontar este reto , derrotar la ausencia de su marido y...la voz de Enrique llamando a Vasile le hace incorporarse en el asiento del coche. Ha trascurrido casi una hora desde que su marido se fue.

-“Perdone la tardanza Vasile pero el tal Mariano no estaba y he tenido que esperar a que el funcionario municipal encontrara las llaves”-
-”No se preocupe Don Enrique”-


Enrique golpea con los nudillos en la ventana del coche. Julia , sin ganas, levanta la vista.

-”Vamos a descargar los muebles y mientras podrás descansar un rato hasta que te recuperes; cariño creo que deberías intentar poner algo de tu parte y tratar de...”-

Las palabras de Enrique no lograron interesar a Julia , le arden las mejillas y el estómago. Asiente sin escuchar las palabras de su marido.

El coche de Enrique avanza despacio seguido por el camión, entramos en Fuentes Viejas y el pueblo me regala una agradable sensación de paz. Me siento mejor , esperanzada.

Las casas bajas de tapial encalado alternan con otras de sillarejo y parecen sostenerse entre otras de diseño más actual, casas de dos y tres plantas, de ladrillo y piedra. Un par de escudos nobiliarios atrapados entre la cal y repartidos como quien da pinceladas sin tino evocaban tiempos pasados, añejos linajes y señoríos ya caducos.

Un agricultor montado en su tractor se cruza con ellos y un par de vecinos nos saludan con curiosidad mal disimulada , respondo sin ganas, de forma automática. En la primera bocacalle, a la izquierda, un par de niños juegan en la puerta de una panadería. En la acera de la derecha un coqueto supermercado anuncia en su escaparate las ofertas de la semana.

-”Es aquí, esta es la casa”- la voz de Ernesto suena tan vacía como mi saludo al tractorista , como el saludo entre dos desconocidos.

La casa de Don Servando resulta estar a pocos minutos de la bascula municipal, en el numero trece de la Calle Mayor, una calle recta y no muy ancha que parece resbalar sobre un lecho de adoquines desde la parte alta del pueblo hasta una espaciosa plaza en cuyo centro varios plátanos cubren con su sombra una fuente de piedra con un enorme pilón donde vierten su agua tres caños.


La añorada casa tiene dos plantas; la fachada, desgastada por el paso de los años , es de piedra y mortero de cal. Su puerta principal, de dos cuerpos, es de madera al igual que las dos ventanas que la flanquean, unas rejas de forja protegen ambas ventanas. Una aldaba hace las veces de llamador dando un toque de distinción a la puerta. El trozo de fachada de la segunda planta esta recorrido por una galería acristalada que , seguro, llena de luz las habitaciones de esa zona de la casa.

-”Por fin hemos llegado a la casa de Don Servando”- la voz de Enrique se tiñe de ironía al continuar la frase -”La que desde hoy será nuestra casa”-

Julia mira la entrada como si esperara que alguien abriera la puerta invitándola a entrar. Ambos se bajan del coche acercándose despacio a la casa. Enrique , cariacontecido, intenta abrir la puerta que se resiste una primera vez. Maldice entre dientes y la obcecada cerradura es vencida tras un nuevo intento.

Una parte de Julia desea atravesar el umbral al notar en su rostro una sensación de frescor que sale desde el oscuro recibidor , otra parte de ella desearía regresar al interior del coche o despertar, como si de un sueño se tratara, en su casa de Madrid.

-”Vasile, ya pueden empezar a descargar los muebles”-

Un viejo aparador de madera que decora el recibidor parece darnos la bienvenida. La calle se llena de idas y venidas, de cajas que se apilan junto a la puerta, de muebles que parecen volar en las manos de los musculosos rumanos, de voces repartidas a diestro y siniestro por un Vasile organizador mientras que Enrique, con sus indecisas decisiones, complica las tareas de lo que debería ser una breve mudanza pues la mayor parte de nuestros muebles y enseres han quedado guardados en un trastero de Arganga.


El inmueble huele a lejía, los pocos y desvencijados muebles que dormían en la casa no tienen una mota de polvo, hasta el espejo del aparador refleja con total claridad la cara de Julia.

Fue buena idea ponerse en contacto con el Ayuntamiento unos días antes de hacer la mudanza.

Recuerdo la “presentación” telefónica de mi marido intentando resolver, entre otros, el problema del alojamiento.

-“¿Entonces podemos disponer de la casa del anterior médico?-
-“No creo que haya ningún problema, se expondrá su petición en el pleno de la semana que viene pero seguro que no habrá ningún problema”-
-“¿Cómo se encuentra la casa de ese tal Don Servando?”-
-“Lleva cerrada algunos meses, desde que se fue un veterinario que realizó una suplencia en el matadero del pueblo vecino, pero se encuentra en buen estado, nada que una limpieza a fondo no pueda solucionar”-
-”¿Habrá tiempo para pintar las distintas dependencias de la casa y hacer una correcta desinfección?”-
- “Para tanto no creo”-
-“Mi mujer y yo estamos interesados en la casa, pospondremos las tareas de pintura para más adelante por lo que solo realizaremos la mudanza de aquellas cosas que nos resulten imprescindibles para vivir de la manera más adecuada las primeras semanas hasta completar las posibles tareas de rehabilitación del inmueble ”-

Imagino la cara de estupefacción que pondría el interlocutor de mi marido al escuchar sus redichas palabras.

-“¿Son muchos de familia, tienen niños?”- interrogó la voz de quien resultó ser la secretaria del Ayuntamiento.
-“No, ninguno”- Enrique tardó en contestar, su cara reflejó la aspereza de su tono.-”Aún no”-

No, aún no y tras mi segundo aborto tendremos que esperar dejar pasar un tiempo. Deseo esperar diga lo que diga mi marido.

Julia se aventura dentro de la casa. El suelo formado por baldosas con dibujos geométricos le recuerda la novela infantil de Lyman Frank Baum.

En el pasillo , sobre un taburete, se apilan viejas revistas y un par de libros con las tapas rotas; en el salón duerme una cómoda con evidentes síntomas de carcoma. Las paredes, de yeso, y el techo necesitan claramente una mano de pintura.

Me gusta la casa , es vieja pero elegante, grande pero acogedora, puede que... demasiado grande para solo dos personas.

La puerta principal da paso a un pequeño recibidor de forma cuadrada del que parte una escalera cuyos peldaños de madera llegan hasta la segunda planta, frente a mi se extiende un pasillo en forma de “ele” al que se abren las habitaciones a derecha e izquierda.

La planta inferior dispone de un salón comedor, una cocina, un aseo y un par de habitaciones pequeñas que bien pudieran ser un trastero y una leñera aunque ahora están vacías. Recorro una a una las habitaciones, imagino escenas que pudieron vivirse entre sus paredes, reuniones familiares, risas, discusiones; apenas hay muebles, solo en la cocina. Mejor así.

Una puerta metálica a mitad del pasillo comunica la casa con un amplio jardín resguardado de las miradas por tres muros tan altos como la casa, seguro que ahí las noches de verano se estará genial.

El jardín es una pequeña selva. Me agobia y a la vez me enoja que algo tan intimo pueda estar así de abandonado.

-”Julia, estorbas más que ayudas”-
-”Disculpa, no me había dado cuenta, subiré a ver ...”-


La voz de Enrique no me permite terminar la frase.

-”Si , así te quitas del medio y nos permitirás ir más rápidos”-


El pasamanos de madera me conduce hasta la planta de arriba, hay un pequeño descansillo donde colgaré mis cuadros, colgaré mis cuadros no solo en el descansillo también en los dos pasillos. Si, decoraré la casa a mi gusto diga lo que diga Enrique.

La superficie de la planta superior se reparte en tres dormitorios, uno de ellos con baño completo y una habitación abuhardillada situada al fondo del pasillo que podría ser utilizada como salita para coser, planchar o...si, puede que ahí instale mi refugio más preciado. Dos de los tres dormitorios dan a la calle. Las habitaciones están vacías, un rayo de luz jaspeado con motas de polvo ilumina el dormitorio principal.

- “Los muebles del dormitorio, arriba; los muebles de mi despacho irán en la habitación del fondo en la planta baja, en la que tiene una ventana que da al jardín”-

Si, me gusta la casa de Don Servando, solo queda esperar que logre, que logremos que no solo sea la casa de Don Enrique, aquí en Fuentes Viejas de Almenara.

De nuevo el pasamanos de madera es mi guía hasta la planta baja donde la mudanza toca a su fin , donde mi vida comienza con la misma incertidumbre con la que las motas de polvo flotaban en un esperanzador rayo de luz.

(Fotografías y texto de Jaime V.)

domingo, 23 de agosto de 2015

Julia


-”Enrique, por favor para el coche , tengo ganas de vomitar”-
-”Ve más despacio, me mareo”-
-”Sabes cuanto me desagrada que fumes en el coche”-


Julia se removió en el asiento intentando cambiar por enésima vez de postura, su voz era cada vez más débil.

-”¿Quieres que pare un poco?”-preguntó Enrique sin mucho convencimiento.
-”Mejor no”- rechazó Julia haciendo un gesto con la mano- ”Me tomaré otra biodramina e intentaré dormir un rato”-

Su rostro , fatigado, sudoroso, reflejaba la dureza que este vieja suponía para ella. Acurrucada en el asiento del coche trataba de recordar los últimos años de su vida. Todo era lento menos el coche. La música, el humo del tabaco, el mal carácter de Enrique, el trazado de la carretera, los recuerdos , todo terminaba convirtiéndose en una punzada dolorosa en su esternón, una punzada que la hundía en el asiento.

Enrique fue su primer novio formal. Enrique fue ese primer beso robado en un portal mientras la noche era cómplice de sus deseos. Enrique rogó la primera caricia que arrastro la inexperta mano de Julia hasta su sexo desbordado. Enrique acuñó la primera mirada que hallo su desnudez libre de liturgias, de pudores. Enrique fue la boca que por primera vez bebió su virginidad.

-“Tomando ese desvío solo nos quedaran unos veinte kilómetros”-
-“Para un momento Enrique, necesito que me de el aire”-
-“Vaya viaje que me estás dando”- espetó Enrique -”Nos dejas de retrasarnos , a este paso no llegaremos nunca”-


Julia cerro los ojos, apoyó la cabeza entre sus manos y se prometió a si misma guardar silencio hasta llegar a…a donde fuera.

Intentó incorporarse un poco en el asiento. Una punzada en el vientre la hundió más y más.

Suyas fueron las manos que moldearon el sexo de Enrique hasta ser fuente. Suyos fueron los gemidos que no siempre encontraron respuesta. Suyos fueron los besos que convivieron con sus miedos y nunca descendieron mas allá de donde su moral permitió a Julia ser Julia y no vulgar amante.

A veces los recuerdos nos asoman a una verdad que nos negamos.

Tras acabar la carrera, Enrique, no paró de trabajar; por las mañanas en la consulta de un amigo de su padre, por las tardes en la consulta privada de su padre. Enrique sacaba, como un mago de su chistera, tiempo para hacer cursos y publicar trabajos propios o rebatir ajenos en revistas médicas. Hacía sustituciones y guardias allí donde era solicitado y aún encontraba horas para estudiar las oposiciones de oferta pública de empleo de los Servicios de Salud de las comunidades autónomas más próximas.

Y entre tanto ajetreo hallamos tiempo para preparar nuestra boda y casarnos un 12 de Septiembre en la Iglesia de San Fermín de los Navarros, en una abarrotada ceremonia organizada por la familia de Enrique.

Fuimos, o fui, virgen al matrimonio. Aprendí a gozar en silencio cuando su cuerpo gozaba de mis entrañas aún cuando, yo, anhelaba deseaba sin saber pedir, “algo más” que siempre…pensé…que el tiempo nos traería. Muchas veces deseé su osadía y refrené mi curiosidad, acepté como normales sus razones y aprendí a ser amada a su modo y manera; no se si fue o es buen amante, solo él fue hombre entre mis piernas, solo mi boca encontró la horma de su sexo…pocas veces.

Recuerdo las noches de placer troceado , las caricias cosidas a tientas por sus manos, mi sexo húmedo y en silencio; recuerdo atravesar a prisa uno sobre la desnudez del otro , el orgasmo inhóspito, los gemidos castrados sobre unas sabanas que , seguro, se sorprendían ante nuestra torpeza.

Los primeros años de matrimonio fueron difíciles pero eramos más, mucho más felices que ahora.

Vivíamos en una casa que mis suegros tenían sin alquilar en la calle Santa Isabel. Enrique se mataba a trabajar y cuando parecía que ya no quedaban más horas en el día, él , encontraba tiempo para encerrarse en su habitación y estudiar los temarios de las oposiciones.

Más de una noche le encontré medio adormilado sobre los apuntes.

-“Enrique, cariño, son las tres de la madrugada”-
-“Julia, termino este tema y me acuesto”-

Y Enrique se sumergía en sus apuntes y no en mi.

Yo trataba de “llevar” la casa como buenamente podía; por las tardes de cinco a siete tres días por semana daba clases particulares de Ingles a cuatro niños cerriles que te hacían ver la figura de Herodes de manera benevolente. Era mi manera de aportar dinero a casa , aunque a Enrique no le gustaba mucho que trabajara.

Éramos felices o, al menos, yo así lo creía. Puede, si , puede que mi vida poco a poco se redujo a ser aquello que Enrique esperaba encontrar al llegar a casa. Entonces no me importaba. Entonces no.

Pero todo aquello cambió, nuestra vida cambió tanto que incluso los recuerdos ahora me parecían sueños escritos por la mano de una mujer que no era yo.

Quizá si hubiera logrado ser madre , dar a Enrique ese hijo que tanto deseaba.

Quizá.

Quizá si hubiera sido más valiente y no hubiera permitido que Ernesto sometiera sus sueños , nuestros sueños, a los suyos, puede que quizá...

-“Mira, Julia, Fuentes viejas”-

Pero Julia, derrumbada en el asiento , con las manos aferrando su estómago, permaneció con los ojos cerrados. Ya tendría tiempo más que de sobra para conocer la entrada y las calles del pueblo.

Enrique encendió un cigarro y bajó del coche. El camión de la mudanza se detuvo junto a la caseta. De la cabina se apeó presto Vasile, uno de los cuatro fornidos rumanos encargados de las tareas de la mudanza y que hacía las veces de capataz pues era el único que hablaba correctamente español.

-“Lo mejor será que nos acerquemos al Ayuntamiento para que me indiquen donde esta la casa de Don Servando por si fuera necesario cumplimentar algún tipo de documento o bien realizar aquellos trámites que sean pertinentes”-
-“Si, creo que es lo más lógico, cuanto antes sepamos donde esta su casa antes podremos vaciar el camión , terminar la mudanza y volver a Madrid; además su señora necesita descansar, parece no encontrarse nada bien”-
-“Eso haremos, Vasile. Vaya viaje que me ha dado mi mujer”-


Dentro del coche Julia permanecía con los ojos cerrados, solo deseaba dormir un rato, una hora , dos; solo un rato y… ¿y?..la verdad es que no sabía con certeza que deseaba.

Agotada, derrotada en el asiento del coche, Julia comenzaba a temer que sus sueños se fueron borrando tras un “si quiero” con derecho de pernada. Mientras Ernesto apuraba un cigarrillo y solo Vasile parecía apiadarse de ella, empezaba a temer que sus esperanzas fueran lluvia resbalando sobre una bandeja de plata.

Quizá en Fuentes Viejas...

Quizás.

(Fotografía y texto de Jaime V.)

viernes, 24 de julio de 2015

Fuentes Viejas


-“Fuentes viejas de Almenara, mi primer destino”- masculló Enrique.

Su espalda era un amasijo de vértebras que trataban de recuperar, sin mucho éxito, su posición natural después de horas intentando conciliar el sueño sobre el rocoso colchón de la cama de matrimonio.

Nunca le había gustado ni la cama ni el colchón pero el dormitorio de casados fue el regalo de boda de sus suegros; un capricho de Julia , incómodo pero decorativo. Uno de los muchos caprichos que decoraban la vida rutinaria de su mujer.

Julia, su mujer, era complicada, a veces muy complicada , reservada, a veces excesivamente reservada, a veces...desconocida. Julia era...Julia.

Hacía tanto tiempo que hablábamos sin decirnos nada, que guardábamos silencio sin estar callados. Hacía demasiado tiempo de todo.

Se concedió un momento para buscar con la mirada el paquete de tabaco, respiró con calma o al menos esa fue su intención. Una multitud de cajas asfixiaban el comedor del que, desde hoy, sería su nuevo hogar.

-”La casa del respetado Don Servando, el último médico de cabecera del pueblo”-

La voz de Enrique sonó agría, cansada. Encendió un pitillo, fumar era algo que le relajaba aunque rara vez terminaba un cigarro. Asintió de manera rutinaria.

-“Las siete de la mañana en Fuentes viejas de Almenara, Fuentes viejas de...”-

La noche resultó demasiado breve como para recuperar fuerzas tras el viaje pero aún quedaba tiempo hasta el lunes para ordenar “algo” de ese inmenso desorden que resulta siempre una mudanza. El lunes sería su primer día de trabajo como médico de atención primaria en la consulta de este pueblucho perdido en medio de...

Llevaba demasiado tiempo sin descasar bien , llevaba demasiado tiempo fumando cuando Julia no estaba en casa, llevaba demasiado tiempo viviendo una vida que no creía suya y necesitaba , claro que lo necesitaba, intentar dar un giro, un vuelco, a su vida tanto profesional como personal.

No, no se equivocaba al pensar así, por eso estaba aquí, aunque las cosas no estaban saliendo como hubiera deseado por culpa, si, por culpa, de un maldito error burocrático.

Ayer, casi a esta misma hora, emprendían viaje desde su ya vacío piso de la calle de Santa Isabel hacia Fuentes viejas. Madrid, su familia, sus amigos, los compañeros del Servicio de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón, su vida , todo quedaba atrás.

Decidió quemar las naves, tal vez debió contar con Julia, pero Julia, Julia, su estudio de pintura donde perdía el tiempo miserablemente, las cenas en casa de sus padres las noches de los viernes, su frigidez tras el segundo aborto...

Si, hizo bien en tomar el solo la decisión.

El reducido séquito formado por su Golf GTD y el camión de la mudanza tomaron rumbo a la tierra que , desde luego, no era ni la esperada ni la prometida por el Sescam.

Julia, entre los nervios del momento y su mareo crónico, le había amargado el viaje desde el primer momento.

-”Enrique, por favor para el coche , tengo ganas de vomitar”-
-”Ve más despacio, me mareo”-
-”Sabes cuanto me desagrada que fumes en el coche”-


Julia se removió en el asiento intentando cambiar por enésima vez de postura, su voz era cada vez más débil.

-”¿Quieres que pare un poco?”- preguntó Enrique sin mucho convencimiento.i>
-”No”- rechazó haciendo un gesto con la mano-” Me tomaré otra biodramina e intentaré dormir un rato”-

Tras más de tres horas repartidas entre música de John Coltrane, Clannad y demasiadas paradas para que Julia recuperara fuerzas la pequeña comitiva dejó atrás el cuidado asfalto de la autopista y se adentró en una carretera secundaria cuyo trazado sinuoso no hizo sino empeorar el estado de Julia. La enésima biodramina pasó sin pena ni gloria por el cuerpo desvencijado de Julia.

Entre los arbustos que cercaban el descuidado asfalto, un indicador medio cubierto por el óxido indicó a Enrique que se acercaban a su destino.

-“Tomando ese desvío solo nos quedaran unos veinte kilómetros”-
-“Para un momento Enrique, necesito que me de el aire”-
-“Vaya viaje que me estás dando”-
espetó Enrique -”Nos dejas de retrasarnos, a este paso no llegaremos nunca”-

Julia cerro los ojos, apoyó la cabeza entre sus manos y se prometió a si misma guardar silencio hasta llegar a…a donde fuera. Enrique tomó el desvío de la izquierda a la vez que comprobaba que el camión de la mudanza no se quedaba atrás.

La carretera resultó ser más un camino presuntamente asfaltado que giraba a la derecha con la misma intensidad e incertidumbre que hacia la izquierda siguiendo con enfermiza devoción el trazado de antiguas lindes entre tierras.

Los malditos veinte últimos kilómetros resultaron un suplicio para Julia que no volvió a abrir la boca excepto para vomitar un par de veces más.

Y, por fin, tras una voluptuosa curva que se ceñía descaradamente al lindero de un olivar, aparecieron las primeras casas y corrales de Fuentes viejas.

Enrique disminuyo la velocidad antes de entrar en el casco urbano. Detuvo el coche junto a una desconchada caseta abandonado de la mano de Dios y del hombre. La caseta “albergaba” la bascula municipal.

-“Mira, Julia, Fuentes viejas”-

Pero Julia, derrumbada en el asiento , con las manos aferrando su estómago, permaneció con los ojos cerrados. Ya tendría tiempo más que de sobra para conocer la entrada y las calles del pueblo.

Enrique encendió un cigarro y bajó del coche. El camión de la mudanza se detuvo junto a la caseta. De la cabina se apeó presto Vasile, uno de los cuatro fornidos rumanos encargados de las tareas de la mudanza y que hacía las veces de capataz pues era el único que hablaba correctamente español.

-“Lo mejor será que nos acerquemos al Ayuntamiento para que me indiquen donde esta la casa de Don Servando por si fuera necesario cumplimentar algún tipo de documento o bien realizar aquellos trámites que sean pertinentes”-
-“Si, creo que es lo más lógico, cuanto antes sepamos donde esta su casa antes podremos vaciar el camión , terminar la mudanza y volver a Madrid; además su señora necesita descansar, parece no encontrarse nada bien”-
-“Eso haremos, Vasile. Vaya viaje que me ha dado mi mujer”-

Dentro del coche Julia permanecía con los ojos cerrados, solo deseaba dormir un rato, una hora , dos; solo un rato y… ¿y?..la verdad es que no sabía con certeza que deseaba.

Enrique apagó el cigarro en el suelo mientras leía entre dientes el nombre que ocupaba el ajado cartel indicador.

-”Fuentes viejas de Almenara”-

Miró a su alrededor, las cajas aguardaban mientras Julia dormía. Encendió un cigarrillo.

-Las siete y media de la mañana en Fuentes viejas de...”-


(Fotografías y texto de Jaime V.)

martes, 7 de julio de 2015

Vuelo de sombras


Redime, la noche,
el dolor mineral de los gestos.

A tu lado,
mi voz,
es un vuelo de sombras.

Luego
las palabras inician
un silencio que se perdura
y mancilla.

(fotografía y texto de Jaime V.)

sábado, 13 de junio de 2015

En vano


Al final ( que atrás quedó la infancia descalza)
podré hallar y perder.
Habrá derrotas. Habrá extravío de las promesas que respeto el olvido.
Habrá desorden de los nombres escritos en la pared. Turbio el eco de lluvias.
Y, aguardando donde no hallaré hogueras derramadas,
el silencio en vano
del agua salada.

(fotografía y texto de Jaime V.)

viernes, 5 de junio de 2015

Esperanza


A veces sembramos palabras,
sobre las heridas,
y florece el perdón.

(fotografía y texto de Jaime V.)

jueves, 21 de mayo de 2015

Allí.


Allí todo es más fácil.

Allí puedo caminar perpendicular a los caminos y tangente a un destino que, no sé por que motivo, me eligió; yo solo había levantado la mano para que me dejaran ensayar el sonido de un “no” y mira por donde me encontré vistiendo un “si” que casi nunca suena como mío.

Allí no necesito saber si el horario va o viene a favor o en contra de la herrumbre de mis manos, de los trenes que aguardan en una vía huérfana de padre y madre, de la lejanía que ni sabe ni le interesa si existo, si existes.

Allí no hay prisas para salir o llegar, triunfa la quietud sobre el impertinente acelerón del calzado urbano intentando pasar en rojo el semáforo del infarto; allí el ritmo de la vida mira con ojos de pillo a ese palillo que, hora si hora no va, del carrillo derecho al izquierdo mientras los ojos se apagan frente a los surcos donde se deshoja la esperanza de la siembra.

Allí bebo de mi soledad sin sentirme solo. Allí nada es igual.

Allí las dudas me conocen y aunque las respuestas esquivan mis labios tampoco las intento atrapar, vamos que ni lo intento.

Allí las palmadas en la espalda no necesitan de un espejo retrovisor adosado al hombro para ver la huella de Caín, las manos son cálidas y saben de los “que bueno verte de nuevo”, de un “estarás unos días por aquí”, del calor de la estufa de leña que entre legañas de ceniza ni se apaga ni se jubila, solo escucha historias que antes o después arderán en su lumbre.

Allí siempre hay alguien que espera sin mirar la edad de su reloj, sin tener que dar cuerda al cobre de los recuerdos, sin que importen los tiempos verbales ni la cartografía de los sentimientos; solo se arquea el horizonte con el paso de las estaciones, con el regreso de quien nunca marchó.

Allí mi ayer es tu siempre y antes fue nuestro aun. Allí, quizá, hace demasiado tiempo que no voy.

(fotografía y texto de Jaime V.)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Ni el silencio.


Arrastra el viento
todo aquello
que no saben las palabras:
el vértigo de las cartas que fueron
castillo sobre las nubes,
el naufragio del terrón de azúcar
sobre la cobardía del olvido,
la tregua maleable del humo
antes de ser lento descenso.
Oculta el viento aquello que sucederá
cuando se detengan los relojes.
Nunca hubo presteza en las manos
que soñaron rompen las bridas del azar.
Nada acontece tras el miedo
dibujado en las ventanas rotas,

nada

ni el silencio.

(fotografía y texto de Jaime V.)

martes, 5 de mayo de 2015

Sedientos


Ferrosos los charcos.

Sedientos.

Porque el agua ya no es agua
solo es un líquido hambriento
del dolor de las miradas
de la herrumbre de los cuerpos.

Sobre el légamo del llanto,
sobre las pausas del viento,
el ruido de las pisadas,
son, de la lluvia:

silencios.

(fotografía y texto de Jaime V.)

domingo, 26 de abril de 2015

La lluvia oculta


Esta ahí; a la misma distancia de mi mano que de la tuya, cerca de lo que fue vivido, cerca de aquellos instantes que temen llegar, cerca de los sueños paridos fuera de las alcobas, cerca de esa papelera hambrienta que desprecia el cerrojo, cerca de las vías amnésicas que a ningún lugar conducen, cerca de ese trébol de siete hojas que desafía con su arrogancia las leyes de la probabilidad.

Si, esta ahí y en otros lugares que no recuerdo, que no conozco ni tan siquiera de oídas.

Y en ocasiones esa lluvia, su lluvia, me encuentra.

Porque la lluvia oculta no tiene dueño, no pertenecen a nadie, no sabe de fronteras impasibles, de direcciones comprometidas con rosas de los vientos o veletas indecisas que apuntan sin disparar.

La lluvia oculta es agua humilde donde intentar descubrir el camino delgado que aun nos resta, que nos hace serviles de la madera del árbol ,del ciego deseo por la manzana ,de la huida pausada del caracol…antes…solo un instante antes de ser arrastrados, antes de ser alimento en la noche arcana.

La lluvia oculta es agua que sabe del miedo y de sus laberintos, de la impaciencia que trastorna el reflejo del cristal, del calor que hace abandonar el confort del enroque y caminar entre el insomnio y la esperanza, entre los silencios de pizarra y las palabras agarrotadas en una despedida.

La lluvia oculta es agua que despoja de su clandestinidad a esas sombras que roban la libertad de las fachadas, que golpea incansable las voces que se refugian en la memoria castrando recuerdos, señalando los espacios contiguos donde los llantos se cambiaran por aceite y pan.

La lluvia oculta es agua donde dejar morir la locura que ensucia las manos, en un ¿vano? intento de ahogar la fatiga que dibuja el contorno de las ventanas que aun aguardan la sangre de una hiedra fatigada.

La lluvia oculta es agua donde naufragan titubeantes medusas de papel charol, guantes impares, paraguas que dormitan olvidados, cartones con gangrena que acunan versos mutilados, monedas de cobre que nunca serán tributo o precio de nada.

La lluvia oculta es agua donde se refugian las aceras para intentar huir de prisas y roces ladinos, de ladridos deshabitados, de las huellas que jadean mientras se avecinan los dolores del parto.

La lluvia oculta solo es esa agua que al final será derrotada, digerida por la ciudad, por el vértigo del alquitrán, por el reptil que alimenta la voz del visionario, por la insoportable arrogancia de la muchedumbre.

Antes o después quedaran atrás esas mañanas que, cerradas a la espera de un paisaje, se despiertan por la llamada en los cristales de una lluvia oculta en un momento de esperanza; de una lluvia que derrotara la pasión suicida de continuar caminando sobre unas huellas que nunca entendí como mías.

Y nada…y nadie…restañara las heridas que se sienten a salvo bajo la lluvia oculta.

(fotografía y texto de Jaime V.)

miércoles, 22 de abril de 2015

Apenas


Apenas
agua – temblor –
la orfandad de una caricia – la espera -

Y dormida, sobre la hoja desnuda,
esa palabra que pugna por nacer
a media tarde,
cuando soñar la vida
es dar la espalda
al horizonte
que nos derrota.

(fotografía y texto de Jaime V.)

sábado, 11 de abril de 2015

Y regresar


En la cadencia del verso
en el tacto esquivo que fue besana :

ahí, redimir

el deseo inconfesable de la flor y de su fruto,
la mansedumbre que otorga el olvido

y regresar :

a ti o a Dios.

(Fotografía y texto de Jaime V.)

martes, 31 de marzo de 2015

Arboles sin nombre


Puedo creer,
aun encontrando incierto mi designio,
que a cada paso impreciso que te entrego
se torna mas perenne la distancia.

- ¿Aguardaras mi regreso?-

Para que sea el gesto
caricia
necesito verter tu escritura en mi derrota
hasta ocupar el hueco de aquel que, con apremio,
camina a tu encuentro.

- Como si perdurar fuera descorrer un cerrojo
mientras el norte se llena de alas -

Para que sacrifiques cada noche
el sueño de la lumbre
necesito encontrar aun tibia la madera.

- Y eres ese frágil juramento que encontrare quebrado -

Para conciliar la noche que oculta
la pobreza de los mercados dormidos
necesito recordar al niño que corre tras su risa.

- Como si perdurar fuera algo más
que el aprendizaje de nuevos pasos -

Para que sea el cansancio
soledad bajo el paraguas
necesito lluvia, la lluvia que arrastre
el oxido de las oraciones,
el delirio lunar de los sexos,
y la escritura ilegible
de las caricias tardías
mientras nuestro otoño, se extiende,
sobre los árboles sin nombre.

(fotografía y texto de Jaime V.)

domingo, 22 de marzo de 2015

Algo más tarde


La lluvia regresó con una respuesta confusa; pero, cuando su agua
olvidó temblar, al otro lado del espejo me oculté:

solo algo más tarde. Y solo.

Algo más tarde reconoceré, sin darme cuenta,
el premeditado itinerario de la tiza que evitaba
recrear sombras como adulación a los amigos.

- Inconfesable esa miseria que acaricia la espalda
solo si la sangre del cordero adorna el umbral
de nuestros sueños -

Algo más tarde reconoceré, entre hojas secas y ecos fatigados,
la hipocresía de quienes solo aguardaban, tras su saludo vacío,
alguna de las treinta monedas condenadas.

- Cabrones-

Algo más tarde reconoceré, entre silencios y apresuradas mentiras,
la levadura de los errores ajenos, su severo andamiaje,
el perverso encanto de la vanidad.

- Era tan sencillo, tan práctico, ser inmaduro
mientras la torpeza en el trazo era la excusa
que hacia presagiar el destino del mensajero -

Algo más tarde,
cuando el lacónico maniquí huya del escaparate,
intentare cruzar la calle, que nos separa, como único modo
de saber que mis pies aun están descalzos
mientras mi infancia es, ya, de otros.

Algo mas tarde o puede que entonces,
hallare, en el olvido, la manera más valida
de saciar tu ausencia con el fango de mis venas.

(fotografía y texto de Jaime V.)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Y no te marchaste.


Porque acoges mi ayer
bajo tu greda.

Porque callas tu llanto
con el dolor de tus manos.

Porque llegaste
cuando no estaba.

Porque te alejé de mi
y no te marchaste.

(fotografía y texto de Jaime V.)

miércoles, 4 de marzo de 2015

Cada noche


Te imagino un rostro.
Y ardo en el.

Cada noche. La víspera de cada instante.

(fotografía y texto de Jaime V.)

sábado, 21 de febrero de 2015

de arenas


Surges
como sangre de la herida;
aire
acariciando las rocas
para luego romper mi mundo.

Madre de arenas.

Dame la tarde sin pan
del niño
que juega a no crecer:
jamás.

(fotografía y texto de Jaime V.)

viernes, 6 de febrero de 2015

Cauce


Ayer, la luz, se vistió de ti
y, tú, de sus miradas.

Ayer la luz era agua y tú:
su cauce.

(fotografía y texto de Jaime V.)

miércoles, 28 de enero de 2015

Labran


A menudo me refugio
en una huida,
y la edad me inunda
de recuerdos,
y son ellos quienes labran
mis heridas.

(fotografía y texto de Jaime V.)

sábado, 17 de enero de 2015

Las horas sin ti


Arrastra el tiempo
aquello que no sabe de palabras
hasta encontrar, en mi boca,
el sabor de tu nombre.

Puede que todo sea penumbra
en nuestro lecho de dudas;
puede que todo sea luz prolongada que tiñe, febril,
las horas desnudas. Las horas sin ti.

Puede que todo sea
una ceguera ensayada
para acallar los instantes hambrientos de mi cuerpo,
la necesidad de concebir, con los ojos vendados,
ese pecado insaciable que no perdona.

(fotografía y texto de Jaime V.)