miércoles, 28 de enero de 2015

Labran


A menudo me refugio
en una huida,
y la edad me inunda
de recuerdos,
y son ellos quienes labran
mis heridas.

(fotografía y texto de Jaime V.)

sábado, 17 de enero de 2015

Las horas sin ti


Arrastra el tiempo
aquello que no sabe de palabras
hasta encontrar, en mi boca,
el sabor de tu nombre.

Puede que todo sea penumbra
en nuestro lecho de dudas;
puede que todo sea luz prolongada que tiñe, febril,
las horas desnudas. Las horas sin ti.

Puede que todo sea
una ceguera ensayada
para acallar los instantes hambrientos de mi cuerpo,
la necesidad de concebir, con los ojos vendados,
ese pecado insaciable que no perdona.

(fotografía y texto de Jaime V.)

martes, 6 de enero de 2015

No prometo.

Temo el “día 1” del año que amenaza con ser la panacea en las alacenas vacías, el “cuando” de los anillos de matrimonio perdidos en el desagüe, la “X” en la ecuación visceral de la cuadratura del circulo frente a problemas recurrentes (por desgracia tan recurrentes) como el hambre en el mundo, las guerras, la desigualdad social o cualquiera de los muchos ya habituales problemas que nos atañen a todos, bueno a casi todos, en demasía.

Temo el tiempo que trae soluciones rápidas a problemas enquistados, un ”hilo que humo es” para prometer costurones en horizontes rasgadas por uñas "manicuradas" con el sudor sin papeles de las miradas tristes que reman en patera.

Temo que prometan pensar por mi, yo aún no he aprendido a pensar por ellos. Ni lo deseo.

Temo las manos de “estos, esos o aquellos” que se creen jueces por imperativo ¿legal?, tahúres de sonrisas sesgadas que me regalan planes de jubilación para canjear por indulgencias a la puerta de un Juicio Final en el que mi abogado defensor es más viejo que el mismo diablo.

Temo el tiempo vacío, ciego, tiempo de tiempo infinito, esférico, carente de ventanas, de salidas de incendio, de bocas de riego.

Temo el tiempo con olor a incienso, tiempo de conciencia con las puertas abiertas, tiempo de movimientos reflejos de la mano que como aldaba en el pecho se enerva reiterando :

"por tu culpa, por vuestra culpa, por vuestra grandísima culpa y es que no se os puede dejar solos"

Temo el tiempo de testiculina que nos impulsan a realizar de manera casi inmediata una auditoria de los actos impuros y de aquellos otros aburridos que fueron decentes para tantos ojos sordos, para tantos oídos ciegos.

Temo estos abundantes minutos de abundantes promesas que abundan, redundan, eructan como eco furibundo en el vacío de mi sesera, sus cimientos son tan firmes como mi fe en mí sin ir mas lejos.

Quisiera un tiempo aunque fuera muerto en el que dos y dos no sean los cuatro listos de siempre (más los que suben al carro del que tiramos los demás).


Espero, que no prometo, no volver a escribir nada después de haberme fumado un truculento doble cero envuelto en las almidonadas paginas del B.O.E.

No prometo nada, no tengo tiempo para las falsas promesas sean mías o de los demás y menos cuando aún me quedan cáscaras de pistachos por ensartar en las sensuales volutas del humo de la esperanza.

(fotografía y texto de Jaime V.)