viernes, 24 de julio de 2015

Fuentes Viejas


-“Fuentes viejas de Almenara, mi primer destino”- masculló Enrique.

Su espalda era un amasijo de vértebras que trataban de recuperar, sin mucho éxito, su posición natural después de horas intentando conciliar el sueño sobre el rocoso colchón de la cama de matrimonio.

Nunca le había gustado ni la cama ni el colchón pero el dormitorio de casados fue el regalo de boda de sus suegros; un capricho de Julia , incómodo pero decorativo. Uno de los muchos caprichos que decoraban la vida rutinaria de su mujer.

Julia, su mujer, era complicada, a veces muy complicada , reservada, a veces excesivamente reservada, a veces...desconocida. Julia era...Julia.

Hacía tanto tiempo que hablábamos sin decirnos nada, que guardábamos silencio sin estar callados. Hacía demasiado tiempo de todo.

Se concedió un momento para buscar con la mirada el paquete de tabaco, respiró con calma o al menos esa fue su intención. Una multitud de cajas asfixiaban el comedor del que, desde hoy, sería su nuevo hogar.

-”La casa del respetado Don Servando, el último médico de cabecera del pueblo”-

La voz de Enrique sonó agría, cansada. Encendió un pitillo, fumar era algo que le relajaba aunque rara vez terminaba un cigarro. Asintió de manera rutinaria.

-“Las siete de la mañana en Fuentes viejas de Almenara, Fuentes viejas de...”-

La noche resultó demasiado breve como para recuperar fuerzas tras el viaje pero aún quedaba tiempo hasta el lunes para ordenar “algo” de ese inmenso desorden que resulta siempre una mudanza. El lunes sería su primer día de trabajo como médico de atención primaria en la consulta de este pueblucho perdido en medio de...

Llevaba demasiado tiempo sin descasar bien , llevaba demasiado tiempo fumando cuando Julia no estaba en casa, llevaba demasiado tiempo viviendo una vida que no creía suya y necesitaba , claro que lo necesitaba, intentar dar un giro, un vuelco, a su vida tanto profesional como personal.

No, no se equivocaba al pensar así, por eso estaba aquí, aunque las cosas no estaban saliendo como hubiera deseado por culpa, si, por culpa, de un maldito error burocrático.

Ayer, casi a esta misma hora, emprendían viaje desde su ya vacío piso de la calle de Santa Isabel hacia Fuentes viejas. Madrid, su familia, sus amigos, los compañeros del Servicio de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón, su vida , todo quedaba atrás.

Decidió quemar las naves, tal vez debió contar con Julia, pero Julia, Julia, su estudio de pintura donde perdía el tiempo miserablemente, las cenas en casa de sus padres las noches de los viernes, su frigidez tras el segundo aborto...

Si, hizo bien en tomar el solo la decisión.

El reducido séquito formado por su Golf GTD y el camión de la mudanza tomaron rumbo a la tierra que , desde luego, no era ni la esperada ni la prometida por el Sescam.

Julia, entre los nervios del momento y su mareo crónico, le había amargado el viaje desde el primer momento.

-”Enrique, por favor para el coche , tengo ganas de vomitar”-
-”Ve más despacio, me mareo”-
-”Sabes cuanto me desagrada que fumes en el coche”-


Julia se removió en el asiento intentando cambiar por enésima vez de postura, su voz era cada vez más débil.

-”¿Quieres que pare un poco?”- preguntó Enrique sin mucho convencimiento.i>
-”No”- rechazó haciendo un gesto con la mano-” Me tomaré otra biodramina e intentaré dormir un rato”-

Tras más de tres horas repartidas entre música de John Coltrane, Clannad y demasiadas paradas para que Julia recuperara fuerzas la pequeña comitiva dejó atrás el cuidado asfalto de la autopista y se adentró en una carretera secundaria cuyo trazado sinuoso no hizo sino empeorar el estado de Julia. La enésima biodramina pasó sin pena ni gloria por el cuerpo desvencijado de Julia.

Entre los arbustos que cercaban el descuidado asfalto, un indicador medio cubierto por el óxido indicó a Enrique que se acercaban a su destino.

-“Tomando ese desvío solo nos quedaran unos veinte kilómetros”-
-“Para un momento Enrique, necesito que me de el aire”-
-“Vaya viaje que me estás dando”-
espetó Enrique -”Nos dejas de retrasarnos, a este paso no llegaremos nunca”-

Julia cerro los ojos, apoyó la cabeza entre sus manos y se prometió a si misma guardar silencio hasta llegar a…a donde fuera. Enrique tomó el desvío de la izquierda a la vez que comprobaba que el camión de la mudanza no se quedaba atrás.

La carretera resultó ser más un camino presuntamente asfaltado que giraba a la derecha con la misma intensidad e incertidumbre que hacia la izquierda siguiendo con enfermiza devoción el trazado de antiguas lindes entre tierras.

Los malditos veinte últimos kilómetros resultaron un suplicio para Julia que no volvió a abrir la boca excepto para vomitar un par de veces más.

Y, por fin, tras una voluptuosa curva que se ceñía descaradamente al lindero de un olivar, aparecieron las primeras casas y corrales de Fuentes viejas.

Enrique disminuyo la velocidad antes de entrar en el casco urbano. Detuvo el coche junto a una desconchada caseta abandonado de la mano de Dios y del hombre. La caseta “albergaba” la bascula municipal.

-“Mira, Julia, Fuentes viejas”-

Pero Julia, derrumbada en el asiento , con las manos aferrando su estómago, permaneció con los ojos cerrados. Ya tendría tiempo más que de sobra para conocer la entrada y las calles del pueblo.

Enrique encendió un cigarro y bajó del coche. El camión de la mudanza se detuvo junto a la caseta. De la cabina se apeó presto Vasile, uno de los cuatro fornidos rumanos encargados de las tareas de la mudanza y que hacía las veces de capataz pues era el único que hablaba correctamente español.

-“Lo mejor será que nos acerquemos al Ayuntamiento para que me indiquen donde esta la casa de Don Servando por si fuera necesario cumplimentar algún tipo de documento o bien realizar aquellos trámites que sean pertinentes”-
-“Si, creo que es lo más lógico, cuanto antes sepamos donde esta su casa antes podremos vaciar el camión , terminar la mudanza y volver a Madrid; además su señora necesita descansar, parece no encontrarse nada bien”-
-“Eso haremos, Vasile. Vaya viaje que me ha dado mi mujer”-

Dentro del coche Julia permanecía con los ojos cerrados, solo deseaba dormir un rato, una hora , dos; solo un rato y… ¿y?..la verdad es que no sabía con certeza que deseaba.

Enrique apagó el cigarro en el suelo mientras leía entre dientes el nombre que ocupaba el ajado cartel indicador.

-”Fuentes viejas de Almenara”-

Miró a su alrededor, las cajas aguardaban mientras Julia dormía. Encendió un cigarrillo.

-Las siete y media de la mañana en Fuentes viejas de...”-


(Fotografías y texto de Jaime V.)

martes, 7 de julio de 2015

Vuelo de sombras


Redime, la noche,
el dolor mineral de los gestos.

A tu lado,
mi voz,
es un vuelo de sombras.

Luego
las palabras inician
un silencio que se perdura
y mancilla.

(fotografía y texto de Jaime V.)