domingo, 24 de abril de 2016

Don Servando y la Señora Muir

Anoche tardé en acostarme, no tenía sueño, me hubiera gustado charlar un rato con mi marido sobre nosotros, sobre...confesarle mi estado de ánimo, mis ilusiones, mis preocupaciones, preguntarle y preguntarnos sobre...pero Enrique se durmió como un bendito nada más arroparse.

-”Te he planchado la camisa blanca de Massimo Dutti para que vayas muy elegante a la consulta y sobre la cómoda, en una bolsa del Corte Ingles, te he guardado una bata nueva”-
-”No creo que en este pueblo sepan apreciar la calidad de mi camisa o de la bata, como mucho distinguirán el color y si esta bien o mal planchada”-


Enrique apura el café y me besa en la frente, aún no he terminado de desayunar pero...ha de irse. Recoje su maletín, el portátil y la bolsa del Corte Ingles que aguarda sobre la cómoda.

-”Que tengas un buen día”-
-”Tú también”-


Sigo a Enrique hasta la puerta, la mañana conserva jirones de niebla en los cerros que, por el norte, parecen cobijar al pueblo. No estorba el abrigo.

-”Buenos días tenga uste, Don Enrique”-
-”Buenos días”-


Una pareja de ancianos saludan a mi marido para luego hacer lo mismo conmigo.

-”Buenos días tenga usted señora”-
-”Buenos días”- contesto.
-”Que sean bienvenidos al pueblo”-
-”Muchas gracias, son ustedes muy amables”-
-”Aquí estarán bien. Pásese cuando quiera por la tahona ques de mi hijo el mayor pa que le regale unas rosquillas de anís que, seguro, ni uste ni su marido las han probao antes como esas”-
-”Seguro que nos gustaran pero no tienen porque molestarse”-


Cierro el cuello de mi bata, apenas siento los dedos de las manos.

-”Hoy el aire es mu frio, viene de la sierra alta; a lo más tardar mañana tendremos lluvia “- el dedo sarmentoso del anciano apunta tembloroso hacia los cerros- “En la casa de Don Servando no pasaran mucho frio, las paredes son gruesas, en verano estarán frescos y en invierno no se les escapara el calor, será como vivir dentro de un botijo”-
-”Anda Ismael que estás entreteniendo a la señora”-
la anciana levanta la cabeza , su sonrisa es dulce, seguro que igual de dulce que las rosquillas que hace su hijo mayor en la tahona-”Vamos , este mi hombre se para con todo el mundo, como el no tiene prisas piensa que los demás tampoco”-
-”Que tengan ustedes un buen día”-

Apoyados, el uno en el otro, se pierden calle abajo. Sonrío, sonrío con envidia, me pregunto si Enrique y yo , a su edad, también caminaremos el uno apoyado en el otro.

Entro en la casa de Don Servando, bueno...en mi casa y cierro la puerta; por muy gruesas que sean las paredes de este “botijo” tengo frío.

Creo que lo primero que haré cuando termine de colocar todo nuestras pertenencias será montar mi estudio de pintura ,así tendré un lugar donde perderme, una distracción que me ocupe el lento discurrir de las horas entre estas paredes, por que sino corro el riesgo de convertirme en una mala copia de la Señora Muir, la protagonista de la novela de Josephine Camppbell.

-”A este paso me veo siendo la Señora Muir de Fuentes viejas, compartiendo charla y secretos con el fantasma de Don Servando”-

El silencio dentro de la casa es denso, incómodo; aún huele a cerrado, a media mañana abriré las ventanas para que la casa se ventile.

Recorro la casa despacio, cada habitación parece aguardarme, de alguna manera ese efecto “botijo” que mencionó Ismael me tranquiliza. Regreso al dormitorio y busco algo cómodo que ponerme. Sobre la cama deshecha se amontona mi ropa y la de Enrique.

-“Mi vaquero descolorido y parcheado, las sandalias y una camisa holgada”-

El tiempo parece esconderse entre las cajas de la mudanza, pero no tengo prisa; abro una caja tras otra, reviso su contenido y los recuerdos me asaltan de entre las bolas de naftalina. Intento colocar cada cosa en su posible sitio, luego Enrique dará su toque final , hasta en donde irá cada uno de mis cuadro será mi marido quien tenga la última palabra. Pero en mi estudio, en mi estudio de pintura, ahí solo mandaré yo. Cuando no se por donde continuar bajo y pongo una lavadora , revoloteo por la cocina, nunca se muy bien , nunca estoy del todo segura de cual será el sitio correcto para cada cosa

-”...los cubiertos...si, mejor aquí y los vasos en...”-

Lleno un cajón que ahora no se cierra. Sobre la encimera aguardan tazas, un par de sartenes, varios cazos, un manojo de servilletas bordadas y un macetero; arrinconadas junto a la puerta que da al jardín varias cajas marcadas como “enseres” me aguardan pacientes y...enciendo un cigarro, Enrique no sabe que fumo, llevo poco tiempo haciéndolo pero se que a él no le gusta que las mujeres fumen...o eso creo.


A menudo tengo la sensación de que Enrique ya no esta enamorado de mi, incluso siento que ignoro de él más de lo que sé. Doy una calada profunda. Me pregunto como le irá a Enrique en la consulta y temo en cierto modo como le irá a los pacientes de la consulta con mi marido.

Abro la ventana de la cocina, el aire que entra desde el jardín es frío. No se porqué pero me gusta esta cocina con el jardín asomándose a la ventana. Recuerdo que, cuando era pequeña, solíamos comer en la cocina, recuerdo ese olor a comida recién hecha, el vaho que empañaba los cristales , los azulejos blancos con una cenefa azul; recuerdo el mandil de mi madre colgado tras la puerta, sus manos tapizadas de pan rallado, los manteles de algodón, los inmensos tazones donde antes de ir al colegio desayunábamos chocolate con tostadas de pan , la gran mesa de madera que ocupaba el centro de la cocina y el frutero de porcelana que ostentoso presidia la mesa , recuerdo el viejo aparador de mi madre y los pañitos de tela de color blanco que decoraban cada estante, el olor a perejil machacado en el mortero y los albaricoques que aromatizaban el interior del viejo aparador. Apuro el cigarro y agito un paño de cocina para que salga el humo , no deseo que huela a tabaco en la cocina cuando regrese mi marido.

Me sirvo una taza de café y regreso al dormitorio. En el descansillo de la segunda planta tropiezo con una caja , la cuidada letra de Enrique me indica que contiene “música de Julia”.

No me parece una mala idea poner algo de música para romper el silencio que llena la casa, puede que al fantasma de Don Servando le apetezca escuchar algo de música y, con un gesto caballeroso, invite a bailar a esta versión apocada de Señora Muir que soy. Intento llevar la caja hasta el dormitorio pero pesa mucho. Abro la caja en el mismo descansillo, en su interior están mis viejos discos de vinilo, mis apolilladas cintas de casette, los cds y el recuerdo de algún que otro amor imposible atrapado en la letra de una canción, pero solo eso; ni el tocadiscos ni el radio casette forman parte del contenido de la caja esta visto que al destino le importan un bledo mis sueños por muy sencillos que estos sean.

-”Tendremos que dejar nuestras clases de baile para otra ocasión Don Servando”-


Vuelvo al dormitorio. Ya no hace tanto frío, el sol de la mañana ha caldeado la casa , bueno...el sol de la mañana y los dos radiadores de aceite que he encendido.

-”Sabe usted, Don Servando, yo estuve llena de vida, de sueños”- dejo la taza de café en la mesilla
-”Yo deseaba viajar a París, si...a París, en mi luna de miel pero mi marido decidió que ese lugar era muy banal, muy...tópico y burgués , me escucha Don Servando...muy banal”- mi voz suena cada vez más desafiante -”Tampoco es nada del otro mundo me dijo y mi Enrique decidió , si...decidió que nos vendría bien descansar lejos del mundanal y aburrido bullicio de las calles de París en la lujuriosa isla de La Gomera y allí consumamos nuestro matrimonio , Don Servando, en un ritual que empezó con un meticuloso besuqueo y terminó...si, Don Servando, terminó antes de casi empezar”-

Enciendo otro cigarro.

-”¿Fumaba usted Don Servando?-
-”Ya que vamos a ser inquilinos de su memoria...¿me usted permite que le tutee o puede que aún sea pronto para esas confianzas?”-
-”Bien , tomaré su silencio como un aún es pronto”-
-”Al menos prométame que mis cigarrillos clandestinos serán nuestro secreto”-
-”¿Usted visitó París?”-


A mi memoria regresa la letra de una canción de George Moustaki, dejo que mi mano sea una batuta imaginaria que rompe las volutas de humo y comienzo a cantar muy bajito.

“Pour avoir si souvent dormi, avec ma solitude,
Je m'en suis faite presque une amie, une douce habitude.
Elle ne me quitte pas d'un pas, fidele comme une ombre.
Elle m'a suivi ca et la, aux quatres coins du monde.
Non, je ne suis jamais seul, avec ma solitude”


Me invade una sensación de claustrofobia que parece querer engullirme y en ese momento de angustia recuerdo algo que seguro después me parecerá una estupidez; recuerdo una frase de mi marido con la que suele increparme por mi afición a tomar varias tazas de café al día .

-“Pareces una drogadicta, ni que tuvieras dependencia del café, de tu café”-

Y, en cierto modo, puede que tenga algo de razón, si…ese café, ese café que me suelo tomar a deshoras me otorga un rato de tranquilidad donde resulta mas factible ordenar ideas, olvidar discusiones y soñar con viajes, con románticos encuentros, con…el sabor de esa taza de café restaña sueños y desvelos.

-“No, no tengo la culpa, no la tengo”- repito una y otra vez mientras mis ojos se vencen, mientras la voz de Moustaki y el silencio de Don Servando parecen querer arrancarme del dormitorio para llevarme lejos, muy lejos de este lugar -“No, no tengo la culpa”-

Cierro los ojos. Siempre he deseado conocer París.

-“Si, el café, según tú, es una estúpida huida pero mi huida al fin”-

Recorro el cuerpo de la taza mientras imagino…no, mientras escucho música de un acordeón frente al Café de Flore, mientras llueve fuera del Museo D´Orsay, mientras Don Servando y Moustaki son compañeros de huida.

-“Si, esta taza de café me concede tiempo lejos de aquí, lejos de ti”-

Se que me asusta aceptar que siempre he deseado luchar contra las decisiones que , los demás, anclaban en mi.. La voz de Moustaki es la excusa, el impulso irrefrenable, la caricia imperfecta.

“Quand elle est au creux de mon lit, elle prend toute la place,
Et nous passons de longues nuits, tous les deux face a face.
Je ne sais vraiment pas jusqu'ou, ira cette complice,
Faudra-t-il que j'y prenne gout, ou, que je reagisse?
Non, je ne suis jamais seul avec ma solitude.”


Mi mano recorre sube hasta el cuello de la camisa, luego se desliza despacio a través del escote hasta encontrar mi seno derecho. Desnudo. Descalzo. Sonrío sin abrir los ojos. La lluvia empapa los faroles que llevan a Place de la Contrescarpe.

-“Ahora nada importa Don Servando...Servando, solo se que no deseo llorar; solo deseo…”-

La yema de mi dedo corazón moldea la areola. Un agradable escalofrío recorre mi seno. Siento la placentera presión de mis dedos atrapando el pezón y como este, solicito, se endurece mientras muerdo mi labio inferior. Una, otra vez.

Mi seno es un tapiz bizantino aguardado el tacto de una mirada en una silenciosa estancia del Museo de Cluny. Noto como mi sexo se humedece mientras mi tacto protege el color rosado de mi seno.

Mi cuerpo arde mientras huele a rosas, a tristes rosas, en el Parque de Bagatelle. Huela a la voz de George , a la letra melancólica de su canción.

Las yemas de mis dedos parecen no obedecerme… ¿o si lo hacen?...es como recordar… ¿o quizás aprender?...partes de mi cuerpo que solo eran un ingrediente de mi piel.

“Par elle, j'ai autant appris, que j'ai verse de larmes.
Si parfois je la repudie, jamais elle ne desarme.
Et, si je preferais l'amour, d'une autre courtisane,
Elle sera a mon dernier jour, ma dernire compagne.”


Muerdo mi labio. Respiro hondo. Jadeo. Mis dedos continúan rozando, definiendo. El movimiento es pausado. Don Servando mira a otro lado , es un verdadero caballero.

Alguien me aguarda junto al puente de Alejandro III mientras el aroma del café, mientras el humo sinuoso del cigarro se enreda entre mis muslos y asciende.

Mi cuerpo resbala en el silencio de las horas, en el silencio húmedo de la casa. Busco alargar estos instantes. Escucho como mi voz gime, pero mi voz esta callada. La voz de Moustaki revive mi interior.


El sopor me lleva de un pensamiento a otro mientras moldeo la suavidad de mi piel. No intento combatir esta sensación, me refugio en esta búsqueda mientras la rabia se aplaca, mientras miento pensando que todo es un sueño.

La taza de café esta fría, puede que la taza si pero yo...

En ese justo instante, en ese preciso momento cuando el jadeo contenido entre mis labios hace estallar mi boca y mi sexo anhela el contacto de…las campanadas de un reloj ahuyenta con sus campanadas el fuego de mi cuerpo y mi mano salta como un resorte abandonando el camino a mi pubis para ser un velo de pudor sobre mi cara.

-“dong”-
-“dong”-


Mis sueños se cobijan en los posos, cada vez más fríos, del café mientras el sonido incontestable y petulante del reloj de Fuentes viejas de Almenara destroza mi zapato de cristal

No, yo no tengo la culpa, solo me siento culpable de intentar ser feliz junto a su olvido.

Oculto mi pecho, escondo mi sexo. Las calles de París se llenan de sombras. Oculto a Julia de Julia entre la letra de una canción mientras aguardo que se consuma el tiempo que me separa del próximo café.

Solo, ahora, me siento culpable por ser…Julia. Solo ahora me siento culpable de haber podido escandalizar a mi querido Don Servando.

-”Este será otro secreto más que compartir con usted, Don Servando, y puede que no sea el último”-

“Non, je ne suis jamais seul avec ma solitude.
Non, je ne suis jamais seul avec ma solitude.”


(Fotografías y texto de Jaime V.)