miércoles, 25 de mayo de 2016

La lluvia tardía

Si, ahora hace más frío que esta mañana, el cielo se ha cargado de nubes, no me extrañaría nada que el día terminara con lluvia.

-”Buenos tenga uste”-
-”Adiós”-


Aprieto el paso, son las tres y media de la tarde, tengo ganas de llegar a casa para contarle a Ruth, digo a Julia, como ha ido mi primer día de trabajo. No hay rastro de gente por la calle, solo me he cruzado con ese paisano al que no conozco; un saludo escueto y continuamos cada uno por una calle.

-”Ya no queda nadie más en la sala de espera, el Tío Leandro era el último”-
-”Por fin hemos terminado. Para ser mi primer día de consulta creo que no ha estado mal”-


La consulta terminó a eso de las dos y pico. El ultimo paciente, el tal Leandro, me ha logrado crispar, ha podido con mi educación y compostura frente a un enfermo; viéndole, escuchándole no sabia si dejar la mente en blanco o...el Tío Leandro con su sonrisa desdentada, ha entrado en mi consulta con un cigarrillo, tan apagado como sus entendederas, y no he podido dejar de llamarle la atención y más cuando he visto su informe médico, el tal Leandro ha guardado el cigarro en el bolsillo de su pantalón mientras intentada esgrimir unas excusas de niño chico pero no le ha quedado más remedio que guardar silencio al ser incapaz de rebatir mis argumentos. El susodicho individuo venia a renovar la medicación que toma como tratamiento de ¡¡ un EPOC, un EPOC!!...¡¡y se presenta ante mi con un cigarrillo en la boca un paciente con una patología pulmonar crónica!!...no me ha quedado más remedio que subir considerablemente el tono de voz y tratar de dejarle claras, de imponerle, unas medidas preventivas que espero cumpla de forma inmediata y a la perfección.

-”Si, para ser tu primer día...creo que les has dejado boquiabiertos”-
Ruth gesticuló con las manos mientras en su cara se dibujaba una mueca sarcástica.
-”¿Piensas lo contrario?”-
-”No, no...Don Enrique”-
-”¿Don Enrique?”-


Ruth aún conservaba esa fragancia de orquídeas. Huele a melaza de orquídeas, si es que ese olor existe.

Reconozco que desde el primer momento me ha impresionado su aspecto, su desparpajo, no puedo negar que más de una vez mis ojos han...desnudado sus piernas y... y puede que, inconscientemente, haya intentado pavonearme delante de ella pero también es cierto que , yo, soy el médico , soy su jefe y...y ya iremos poco a poco ganando confianza el uno con el otro.

-”Mañana será un nuevo día para ti y un viejo martes para mi, ahora tú eres la novedad en el pueblo y el pueblo es novedoso y extraño para ti. Ya me iras entendiendo y ya iras conociendo a tus pacientes, sus rarezas, sus intringulis, sus historias más allá de lo que es un protocolario informe médico. No te fíes de las apariencias, son gente humilde, buena, pero orgullosos de su tierra, de sus costumbres y de igual modo que les juzgas ellos lo harán contigo y aunque creas tener la sarten por el mango son ellos quienes tendrán la última palabra; aquí eres una autoridad pero hay más vida fuera del consultorio y de tu manual de infecciones en Atención Primaria ”-


Aguanté su mirada. No acabo de entender la verborrea de Ruth ni en ese momento ni ahora mientras regreso a casa, pero ella olía a orquídeas. Su olor si lo recuerdo.

-”Pues...no sé que, hoy , la mañana...la consulta, para ser el primer día...”-


La mirada de Ruth se detuvo en mis manos para perderse en mi cuaderno de notas, luego esbozó una sonrisa que me resulta triste y tuve la sensación de que eran más las cosas que Ruth desea decirme pero...

Yo también sonreí torpemente mientras me incorporaba apoyándome en el escritorio.

-”Te invito a tomar algo para celebrar...”-
-”Gracias Enrique, otro día, hoy tengo prisa, como con mis padres”-
-”Bien , como desees. Voy a recoger los informes de algunos de los pacientes que he atendido hoy, deseo sopesar un posible cambio tanto de la medicación en ellos prescrita como de las posibles pautas terapéuticas”-
-”Dirás hemos...hemos atendido hoy”-
-”Bueno, si...hemos atendido hoy”-
-”Hasta mañana, Enrique ”-
Ruth se agachó para recoger su bolso y se marchó sin más demora.

Sigo con la mirada a Ruth, su modo de andar es...seductor.

Me dejé caer de nuevo en el sillón, dejaré lo de los informes para mañana. Tanto la consulta como la sala de espera estaban vacías, en silencio; apoyé los brazos en la mesa y por primera vez en toda la mañana me sentí relajado. A mi alrededor, la consulta vacía resultaba fría, aseptica. Hay poco que ver en lo desde hoy es mi puesto de trabajo, la típica mesa escritorio metálica con cajones obstinados que se niegan a abrirse, un ordenador con un teclado mecánico que dista mucho de ser una maravilla de la técnica, una camilla donde realizar los reconocimientos, cinco sillas y una vitrina con material quirúrgico y medicamentos empezados. En la pared de la derecha hay un mueble típico de Ikea con estanterías donde aguardan varios archivadores en los que, supongo, estarán durmiendo tranquilamente los informes médicos de los pacientes que, de ahora en adelante, se sentaran frente a mi o en la sala de espera por necesidad , por curiosidad…o por que se yo.

Y poco más.

Creo que daré, si, creo que voy a dar un toque personal a la mesa, a la mesa y a mi consulta.

Salgo a la sala de espera; veinticinco sillas, una mesita con propaganda para dejar de fumar y unas pocas revistas que serian el orgullo de cualquier hemeroteca constituyen su estoico mobiliario. En las paredes varios póster de contenido médico se disponen estratégicamente a fin de ocultar manchas y desconchones. Al fondo se abre una puerta que da a la sala de curas, lugar donde habitualmente trabaja Ruth., a la derecha hay dos puertas más que corresponden a los baños.


Vuelvo a la consulta y recojo mi maletín, el portátil y mi abrigo, cierro la puerta , atravieso la sala de espera y cruzo el patio. Salgo a la calle, el día se ha estropeado considerablemente. Un perro se cruza en mi camino, no me gustan los perros, ni los perros ni los gatos, no me gustan los animales; a mi mujer, sin embargo, le encantan los gatos.

El frescor de la calle, me reconforta. Si, hoy he superado con nota mi primer día de consulta; hombre...las cosas como son , tener a Ruth a mi lado me ha permitido ir algo más rápido con los pacientes y me ha evitado perder tiempo con las renovaciones de medicamentos en receta electrónica. Además Ruth conoce todos los entresijos de la consulta, las manías de la gente, su historial médico sin recurrir a la base de datos del ordenador. Me ha venido bien tenerla a mi lado cuando ese tal Damián , desde su desdentada boca pretendía que le mandara algo para su hija que estaba trabajando en Cuenca o cuando la mujer oronda que entró a media mañana pretendía que le curara los golondrinos de tenia desde hacia meses...los golondrinos...¡¡ los golondrinos¡¡...menos mal que Ruth salió al quite y me aclaró lo que eran los golondrinos.

Tengo claro que para rebatirme un tratamiento hace falta algo más que un pueblerino que controle las cabañuelas y el calendario gregoriano, recuerdo a un tal Fulgencio que vino acompañado de su mujer, una señora más interesada en saber cosas de mi vida privada que de atender a mis explicaciones sobre su claro síndrome postflebitico, el paciente en cuestión pretendía que le recetara un medicamento que, a mi criterio, no era el más adecuado, cuando le hable las características del espectro antibacteriano de ciertas quinolonas no tuvo más remedio que rendirse a esa evidencia; ni él ni Ruth pestañearon mientras hablaba.

Desde su silla Ruth ha sido participe de mis actos, a veces asentía a veces escuchaba en silencio, pero creo que comprendido y valorado que, si bien el léxico de la gente de este pueblucho y sus rarezas sanitarias me son ajenas, mis conocimientos médicos bien pudieran haber resuelto cada situación. Pero la ayuda de Ruth, hoy, ha sido...

Entre paciente y paciente Ruth me hablaba de quien salia, de quien entraba, de sus antecedentes sanitarios, de sus...”particularidades”; casi parecía una periodista de la prensa rosa. La mañana se ha ido llenado de frases, de preguntas, que a veces me sacaban de mis casillas.

-”Me dejao un trozo de la caja en casa, pero las letras eran verdes”-
-”Si, solo como de la matanza y del corral, a mi lo que traen al mercao no me gusta, no me fio…es artificial, anda que donde estén los huevos de corral?”-
-”No…yo me tomo las pastillas toas juntas por la mañana y así no me se olvida ninguna”-
-”Tengo un dolor tal que así que me recorre y me baja ”-
-”¿Que le parece nuestro pueblo?”-
-“Es uste mu joven pa ser doctor”-
- “¿Son ustedes de por aquí cerca?”-


A eso de las doce me estorbaba la bata, tenía apalabradas tres docenas de huevos de corral de “dos yemas” y varios kilos de productos de huerta, mi despensa estaba llena para varios días y había respondido a un centenar de preguntas propias de las revistas del corazón y todas las dudas, controversias o aseveraciones se zanjaban con un sincero y elocuente ”la Ruth lo sabe”

… y era cierto Ruth lo sabía todo.

Se agradece llegar a casa, espero que Julia tenga la comida preparada, necesito soltar el maletín y el portátil, quitarme los zapatos, servirme un vaso de whisky y comprobar que ha hecho Julia en mi ausencia. Siempre he creído saber lo que era conveniente hacer en cada momento, en cada situación pero mi esposa es...Julia es, a veces, muy pusilánime e indecisa; hoy al menos tendremos algo de lo que hablar, algo que no sea su estúpida idea de montar un estudio de pintura en el segundo piso o de lo agobiada que esta por...por colgar sus cuadros o por los crujidos del maderamen de la casa o por...Julia es así.

Abro la puerta, seguro que si tuviéramos un gato vendría a recibirme antes que mi mujer, pero detesto los gatos, tanto, como los caprichos cursis de mi mujer.

-”Julia, Julia, ya he regresado “-
- …
-”¡¡ Julia!!”-
-...



Aún resuena la campanada del reloj del Ayuntamiento cuando Ruth sale del consultorio.

-”Las dos y media, que tarde es”-

Enciende un cigarro y aspira profundamente, sonríe recordando la mañana de trabajo, la espesa oratoria de Enrique, las caras consternadas de los pacientes ante las explicaciones ininteligibles del nuevo galeno.

-”Este Enrique no esta mal pero es un completo gilipollas”-

Adosado, más que apoyado, en puerta de la mercería de “Las Rubias” está el alguacil.

-”Buenos días Ruth”-
-”Buenos días”-
-”¿A casa ya?”-


Ruth contesta sin mucho entusiasmo.

-”Si , a casa , hoy hemos tenido una consulta muy...divertida”-
-”¿Ha pasao algo gracioso?”-
-”Si y no. Tengo prisa, ya hablaremos aunque , seguro, que te enteraras antes”-


Ruth reanuda su marcha sin escuchar la contestación del alguacil

-”Este Enrique es un completo gilipollas”- repite para si mientras acelera el paso.

La consulta ha durado más de lo habitual, estos meses pasados, con Jorge el médico que ha estado de sustituto hasta que se ha incorporado el “doctor charlitas”, las cosas han ido más rápidas y eso que Jorge tampoco era un lince pero ventilaba los trapos de la consulta en un abrir y cerrar de ojos; que el paciente se llevaba las manos al estómago...pues Omeprazol o Almax, que vomitaba o tenia nauseas...una cucharada de Motilium cada ocho horas, que el abuelo le contaba con ojos cansados que ahora que tenia cama no acertaba con el sueño...pues Lorazepam y del resto de la consulta ya se encargaba ella; que terminaban a eso de la una...pues al cuarto de curas y...ojo lo que se puede hacer en media hora sobre una camilla. No es que Jorge fuera un adonis ni tampoco un excepcional amante pero ni vivía aquí ni quería más nada que no fuera una lenta mamada , un cunnilingus que me llevaba a lo más alto en la escala Mercalii o una follada sin compromiso de comer con sus padres el domingo siguiente luego de ir a misa; Jorge tenía su novia en Madrid, Jorge tenía su vida en Madrid y yo tenia mi soledad y mi mundo en este pueblo.

Dos años atrás mi matrimonio había zozobrado. Casarse con un representante de una multinacional farmacéutica que venía por aquí una vez al mes fue un error, un error que pagué sabiendo de antemano que lo hacía. Mi matrimonio duró lo mismo que mi noviazgo y termino con un polvo inolvidable en un motel mientras mis padres y los ya ex-suegros discutían por la vajilla y los muebles del chalet que tenían alquilado para nosotros en la urbanización de Eurovillas.

En nuestro ¿domicilio conyugal? mi marido nunca llego a tener ni un cepillo de dientes ni más de un pantalón colgado en el armario mientras yo quemaba kilómetros entre idas y venidas a Cuenca donde tenía mi plaza de ats.


Recuerdo que me gustaban las veladas tranquilas, a él la noche y su vértigo, recuerdo ansiar las caricias robadas junto al fuego de la chimenea , a él le apasionaba la huella de otros labios en cualquier rincón que le tiñera la piel con el morbo y la adrenalina , recuerdo que hubiera querido tener un hogar , a él...con un un motel de carretera le bastaba, recuerdo que me gustaban las rosas y el jazz, a él la bisutería y los chats de citas, recuerdo que me encandilaba el tacto del satén mientras esperaba su llegada, al final sus excusas resultaban patéticas, le delataban sus pupilas dilatadas y la perforación del tabique nasal.

A los seis meses de casados éramos dos desconocidos con riesgo de hongos vaginales y ladillas.

Y justo en ese momento, justo cuando la huir era la única puerta abierta por donde entraba luz, justo entonces me concedieron el traslado a mi pueblo, aquí...a Fuentes viejas, para mi representaba una segunda oportunidad, para mi madre...ya era tarde.

Tras dos años y algo más de tres meses siendo la “capo mafiosa”, la dueña de mi vida y de la consulta, tras dos años años y algo más de tres meses haciendo y deshaciendo comentarios, infamias, verdades a medias , atrayendo miradas y desechando sabanas manchadas del semen de una noche...se va Jorge y aparece un creído con corbata y vademécum bajo el brazo; porque creído lo es y mucho, vamos que se considera el santo samtorum de la medicina urbana aplicada al medio rural, la panacea para todos los habitantes de la comarca.

Y...

-”Ruth , buenas”-
-”Hola tía Amparo”-


Con lo retrasada que voy y tengo que encontrarme con esta comadreja.

-”¿Que tal tu madre?”-
-”Igual, tía Amparo, gracias, solo fue una subida de tensión , ya está mejor”-
-”Que suerte tienen tus padres contigo,porque mi Carmelo, muy bueno pero muy corto”-
-”No se queje que su hijo es muy buena persona”-
-”Hoy tenía cita con el médico pero no ha ido, me ha dicho que había mucha gente en la consulta, seguro que se ha metido en el bar. Tenia que renovarme las pastillas del colesterol pero es tan cortico”-
-”Pida hora y mañana se las renuevo yo”-
-”Ahí hermosa , que haríamos sin ti , menos mal que estás tú en la consulta, veremos que tal se le da al médico nuevo; me han dicho que...”-
-”Tengo prisa, vaya usted o su hijo mañana pero pida cita y yo le arreglo lo de sus pastillas”-
-”Lo dicho, que haríamos sin ti, da recuerdos a tu madre...y a tu padre”-


Pero que hipócritas podemos ser los unos con los otros cuando nuestros recuerdos caminan en el taimado laberinto de calles de un pueblo como esté, ahora esta bruja me adula porque le renuevo, a esta y otras muchas víboras con mandil, sus recetas electrónicas; con todo lo que he tenido que escuchar de su boca ...y que su hijo es corto...y tanto, por algo les llaman de mote “los tonticos”.

En los pueblos podemos ser inmensamente buenos con la misma diligencia que infinitamente crueles.

Vamos y venimos como las golondrinas del poema que...

Sonrío al recordar la cara que ha puesto Enrique cuando Damian le ha pedido algo para los golondrinos de su mujer, un poco más y le receta alpiste. He tenido que explicarle a nuestro ilustre médico lo que son los “golondrinos” y la eficacia del uso combinado de un antibiótico por vía oral junto a una pomada de mupirocina; claro que con el bueno de Fulgencio, Enrique, se ha marcado un discurso fuera de todo entendimiento y necesidad, el pobre hombre se ha marchado cabizbajo y con la de duda de si ir a la farmacia o al notario y hacer testamento; pero cuando parecía que el listón de la estupidez estaba en su cota más alta mi compañero de consulta le ha montado una escena de drama victoriano a Leandro, esta vez Enrique ha confundido un trozo de paloduz con un cigarro, a poco más y cachea al anciano mientras le impartía una disertación sobre la urbanidad y moralidad castrense del enfermo de epoc.

He tenido que pellizcarme varias veces para ver si estaba o no durmiendo mientras aguantaba las ganas de ir al servicio a mearme de risa.

Este hombre , como continúe por este camino, será el hazmerreir de la comarca.

Claro que también le he puesto un puntito de morbo a la consulta cruzando las piernas y dejando que mi falda insinuara el contorno de mis piernas, igual cree Enrique que me he caído de un guindo y no se poner cardíaco a un cretino como él.

Por fin llego a casa, mi pobre madre esta barriendo la puerta de la calle.

-”Pero madre...¿no tiene otro momento para ponerte a barrer?”-
-”Como tardabas...tu padre ha comido y se ha bajado al hogar del jubilado...ya sabes”-


La mano de mi madre tiembla , tiembla y ese temblor hace que mi alma llore. Hundo mis manos en su pelo canoso, tan cansado como su espalda. Y abrazo, abrazo con fuerza su cuerpo enfermo. Mi madre suelta la escoba y me rodea con sus brazos. Su temblor llaga mi piel. Su temblor continuo, su mirada perdida, sus ausencias...¿por que ella tiene que pagar este precio?..¿por que?.

-”Ahora comemos juntas, tú y yo solas...¡¡pero que madre más guapa tengo¡¡”-
-”¿Que tal con el nuevo médico?”-
-”¿Con Enrique?-
-”¿Se llama así?”-
-”Pues la verdad...”-
-”¿Y tu padre?...¿habrá comido en la obra y por eso no viene?”-
-”No se preocupe por padre, vamos dentro, pongo la mesa y comemos juntas”-
-”Hoy lloverá, esta tarde, seguro...tengo que barrer la puerta”-
-”Luego barro yo, madre; vamos dentro, así cuando padre regrese de la obra comeremos los tres juntos”-
-”Mira que si llueve hoy, hoy que...”-
-...


Miro a otro lado, luego barreré la acera, luego secaré mis lagrimas, luego...cuando llueva; cuando el paloduz del Tío Leandro, cuando las estupideces de Enrique, cuando la pericia de la lengua de Jorge en mi sexo me hagan olvidar, bajo la lluvia tardía, todos los instantes amargos de mi puta vida.


(Fotografías y texto de Jaime V.)