martes, 28 de marzo de 2017

Sin titulo


Ahora que no temo
la cita del viento
es el bosque, con sus sombras apiladas,
quien me entrega la tarde
hasta hundirme en su cobijo.



(fotografías y poema de Jaime V.)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Así


Intimida compartir un silencio
que reclamo como mío.

Intimida deshojar el aire
sin encontrar las huellas
de tu lluvia.

Así

hasta que mis labios se venzan,
exhaustos,
por encontrarte un nombre.


(fotografías y poema de Jaime V.)

martes, 14 de marzo de 2017

Frágil


Frágil, tan frágil como el consuelo de la manos desnudas.
Frágil, tan frágil como el amor prematuro.
Frágil, tan frágil como la tarde abatida.

De ese modo:
frágil
tu rosa se vence entre mis espinas.


(fotografías y poema de Jaime V.)

jueves, 9 de marzo de 2017

Lluvia desnuda


Para conservar el lento bagaje de la arena
aguardo el fértil augurio de las palabras.


Mientras

recogeré el lenguaje de mis huellas
para que la tregua de tu lluvia desnuda
amordace, tan solo,
ese último silencio.



(fotografías y poema de Jaime V.)

miércoles, 1 de marzo de 2017

Zurciendo palabras.

(Hoy zurcimos palabras de Indra con palabras que encontré entre mis tachones. Gracias Indra por tu colaboración)


Estaba sola. La casa era un silencio de ortigas.
Sonrió. La sal y el latido se pronunciaban
entre los pliegues de esas palabras que son herrumbre
en las hogueras.

Ella supo que volvería
antes que la tarde se convirtiese en esquirlas de frío.
Miro a su alrededor. Cruzó la avidez del recuerdo
entre las grietas de sus pasos.

El silencio era un rostro abatido que se pronunciaba
en el despertar de las cenizas, en las manos de aquel hombre.
Respiró serena, imprevisible como la danza del gorrión
sobre el estanque.


(fotografías de J. Valeria; poema zurcido con palabras de Indra y palabras de Jaime V.)

martes, 14 de febrero de 2017

Vienes a mí


Vienes a mí
como una vieja historia.
Eres el gesto aprendido. La caricia en el cansancio.

Dibujas, sin premura, las pausas del camino
y me desgranas, de entre lo absurdo, las renuncias del silencio.

Se que vienes,
conozco el lenguaje de los pasos,
recuerdo el sedimento del engaño,
el abrigo de la renuncia.

Se que llegas
para hacerme entender
que solo, en el delirio de la noche,
se esconden los sueños
que nunca nos confesamos.



(fotografías y poema de Jaime V.)

domingo, 29 de enero de 2017

Ella vendrá.

“Al final de la calle
La noche está apoyada contra un muro”

(Basilio Sánchez)


Entonces, se:
“Ella vendrá”

Todo nos reúne,
y aun todo nos separa. El tiempo – expectante-
en los labios.
Los brazos
- íntimos los brazos, inesperados los brazos -
intentando hacer presa
en aquello que siendo gratuito
no era tuyo, ni fue mío,
ni de ambos.
Los descuidos inconfesables:
la ternura que alivia el obstinado nudo de la corbata;
los silencios del café dibujando promesas sobre la crema confiada;
la lejanía…el vecindario, ambos en exceso
cuando – despreocupadas- las cosas sencillas cedían el paso
ante la jerarquía de los errores.

- ¿Nos quedara tiempo para olvidar y aprender, renglón a renglón,
de aquellas mismas deudas?-

Entonces no escucho razones ajenas e intento recordar:
“que…ella vendrá”

y yo espero.



(fotografías y poema de Jaime V.)

miércoles, 11 de enero de 2017

La pierna del tío Nicanor

No habían pasado ni quince minutos desde que el reloj del vestíbulo había dado las tres cuanto escuché el ruido de la puerta principal al abrirse .

-”Ya estoy en casa ”-

Julia sintió un escalofrío, apartó la copa de vino vacía y continuó lavando las hojas de lechuga en el fregadero. Enrique entró en la cocina y se dejó caer en la silla.

-“¿Como te ha ido hoy en la consulta?”-

Sabía que esta pregunta formaba parte de un diálogo ya rutinario, monótono, gastado, pero siempre me había gustado saber cosas del trabajo de mi marido.

Antes, cuando trabajaba en el servicio de urgencias del Gregorio Marañón , antes de saber que siempre seriamos solo nosotros dos, a Enrique le encantaba contarme anécdotas, problemas, inquietudes o cualquier otra cosas relacionada con su trabajo.

-“Hasta donde el secreto profesional lo permite”- solía decir mientras sus manos me atrapaban hasta terminar abrazados. Hasta terminar en la cama.

Sus palabras... me cautivaban, me abrumaban sus palabras , la fuerza de sus gestos y la sonrisa que parecía brillar en sus ojos. Yo le escuchaba envidiando su profesión, su entrega, y todas esas circunstancias que para bien o para mal llenaba su trabajo en comparación con la rutina de mis tareas caseras. Bebía sus palabras sin pestañear y me sentía importante solo…solo…por ser su mujer.

Ahora cuando le preguntaba por su trabajo la respuesta era una monótona cantinela de frases que se repetían con desgana.

-“Como siempre, todos los pueblos son pueblos sin más y después de un par de meses en la consulta terminas viendo a diario las mismas caras y los mismos cuadros patológicos”->

Observé la cara de mi marido, en algunos momentos Enrique era de nuevo el hombre del que me enamoré, pero solo a veces.

-”Hoy la sala de espera era un descampado, la gente esta cogiendo aceitunas y, claro, nadie está enfermo ni recuerdan las citas programadas ni los controles de Sintrom, lo más importante son las aceitunas; pero a última hora de la mañana he tenido un aviso de lo más curioso, más que un aviso ha sido una de esas anécdotas que pudiera dar juego a los guionistas del Doctor Mateo”-
-“Yo creía que los avisos se hacían en el Centro de Salud del otro pueblo”-
-”Si, pero a partir de las tres de la tarde que es la hora a la que se considera que están cerrados los consultorios locales”-
-“¿Y que ha pasado?”-
hacia mucho tiempo que Enrique no me contaba nada de su trabajo -“Venga, te escucho mientras preparo la comida”-

Enrique se sirvió una copa de vino.

-“¿Sabes quien es el tío Nicanor?”-
-”No, no caigo ahora”-
-”Si mujer; el tío Nicanor, el cojo”-
-”Pues ahora no caigo”-
respondí.

Me encogí de hombros. No tenía ganas de hacer la comida, si algo odiaba era la cocina.

Enrique adoptó su ya clásico gesto contrariado, me recordó a un niño consentido al que le han negado algo. Frunció el ceño, alzó el tono de su voz y se sentó a mi espalda junto a la mesa donde desayunábamos cada mañana, aunque no siempre juntos.

-”Si, mujer, el tío Nicanor, ese viejo solterón que vive junto al estanco, ese que a veces parece tonto de remate pero que según me ha dicho Ruth es la persona que más entiende de setas de toda la comarca”-
-”¿El señor que tiene una pierna ortopédica ?”-
-“Si, ese mismo; al que apodan correcalles porque siempre anda de un lado al otro del pueblo como si hubiera fuego y eso que le falta una pierna. Por lo que me ha contado Ruth, el tío Nicanor fue...fue...rochano en su infancia y...”-
-”¿Rocheno?”-
-”No, rochano; rochano es digamos algo así como...aprendiz de pastor”-


Enrique miró a Julia de arriba abajo y, con gesto de resignación, continuó hablando.

- “Luego fue alfarero y más tarde cuando su padre murió heredó, según él afirmaba, la gracia de su progenitor como zahorí. Hace unos diez años un problema circulatorio mal diagnosticado y peor tratado le ocasionó una gangrena no quedando más remedio que amputar la pierna por encima de la rodilla y ni corto ni perezoso al mes de la operación marchó a Madrid donde compro una pierna ortopédica de segunda mano en una ortopedia que había cerca de la Plaza de Jacinto Benavente”-

Llené mi copa y me senté frente a Enrique mientras imaginaba al bueno del tío Nicanor entrando en una ortopedia preguntando si tenían prótesis de segunda mano.

-“Cuentan que le dijo al empleado que total como la que le regalo su madre al nacer no iba a tener otra así que con una usada le valía y ni corto ni perezoso a los quince días ya estaba buscando setas por el monte”-

Sonreía escuchando el relato de Enrique. No pude por más que sentir un cariño especial por el viejo zahorí.

-“Esta mañana a eso de las diez, llamaron a la puerta de la consulta cuando tenia dentro a Ricardo, el guarnicionero, uno de los pocos pacientes que he tenido hoy”-
-”¿Ese señor tan educado que es cuñado de Fabián?”-
-”No se ni me importa de quien es o no es cuñado y...educado...si tú lo dices. No me gusta mucho, siempre tiene las manos sudorosas”-
-” Pues a mi me parece muy...”-

-”Ricardo es un irresponsable que..que...siempre tiene el azúcar por las nubes por lo que dudo mucho que se administre las unidades de insulina que le he pautado y de su dieta mejor que no hablemos”- terció Enrique bruscamente-¿Quieres o no que te cuente lo que pasó?”-
-”Bien, Ricardo es un irresponsable”- musité - “¿Que pasó con el tío Nicanor?”-

Retiré las copas de la mesa y extendí el mantel y, mientras empanaba unos filetes de ternera me dejé arrastrar por el relato de Enrique.

-”Pues verás....”-
...

-”Toc, Toc”-
...

La puerta de la consulta se abrió empujada por el bastón del tío Nicanor dejando paso al propietario del bastón que se apoyaba en un individuo menudo, pálido como un muerto y tembloroso. El traje del individuo estaba lleno de manchas de aceite y arena. Su cara, su corpulencia e incluso su voz me recordaron al desaparecido Constantino Romero.

-”¿Da su permiso, Don Enrique?”-
-“¿Que ocurre?”- repliqué airado -”No ve que estoy atendiendo a un enfermo”-
-“Buenos días tenga uste y la señorita Ruth”- dijo el tío Nicanor -”Buenos días también pa ti Ricardo, que no te había visto”-
- “Nicanor, estoy atendiendo a un enfermo, deberá aguardar su turno en la sala de espera mientras termino con...”-
-”Es que verá Don Enrique a mi no me pasa na pero...que a ver si uste ayuda a este hombre que sa llevao un susto de muerte”-
-¿Pueden esperar un momento a que termine con la paciente o es muy grave el motivo de la llamada?”-
-“Por mi no hay prisas pero este hombre esta al borde de que le de un sopitipando y ya , abusando de su buena fe, pues a ver si me ayudan a colocarme bien la pierna uste o la Ruth, mejor uste, Don Enrique”-


En ese momento repare que el desconocido llevaba en su temblorosa mano la pierna ortopédica del tío Nicanor con los restos de una albarca.

-“Perdone doctor“- dijo con voz temblorosa el desconocido- “Me llamo Manuel Valverde, soy vendedor de semillas y fertilizantes, me dirigía hacia la finca del Robledal y…y… le juro que no se como no me he muerto del susto”-.

La cara del tal Manuel Valverde reflejaba la verdad de lo que me contaba, aún se podían apreciar las huellas de las lágrimas en sus mejillas y el temblor de la barbilla al hablar.

-“Bien, pasen y tomen asiento; Ricardo acompañe a Ruth a la sala de curas mientras atiendo a estos señores, mi ats le realizará la medición el azúcar”- y dirigiéndome a Manuel le rogué -“Déjeme que le ayude con el Tío Nicanor”-

Pero Manuel no soltaba ni al anciano ni la pierna ortopédica.

-“Túmbese en la camilla, Tío Nicanor”-
-“Na, déjeme usted y atienda a ese hombre que le va a dar un jamacuco”-.


La verdad es que Manuel no recuperaba el color.

-“¿Cuénteme que ha pasado?”- pedí al nervioso vendedor de...de lo que fuere.
-“Pues vera doctor, soy nuevo en la empresa y esta es mi primera visita por la zona, tenia que estar por la mañana en la finca del Robledal pero me he perdido, ni siquiera he comido, deseaba llegar a tiempo para no causar una mala impresión”- El agitado comercial parecía tranquilizarse a medida que narraba su epopeya.

- “Veía que se hacia tarde y…y reconozco que iba demasiado rápido por la carretera, que por cierto esta fatal, pero al entrar en el pueblo, le juro…le juro por mis hijos que reduje, reduje, se lo juro.”-

Manuel sacó un pañuelo y se seco el sudor de la frente, mientras el tío Nicanor, ajeno al relato, revisaba el aspecto de su maltrecha pierna ortopédica e intentaba arreglar su albarca.

-”Cago en la...”-
-“Le juro por mi familia que al entrar en el pueblo no iba a más de cuarenta, y entonces de repente la carretera que desaparece y la curva, esa maldita curva que se cierra de golpe y…y…- mi interlocutor palideció de nuevo -“Este pobre hombre apareció en medio de la curva...yo gire el volante con todas mis fuerzas... pero le he golpeo con la rueda delantera del coche y ha salido dando tumbos por la cuneta hasta...hasta...y entonces...entonces...”-



Manuel rompió a llorar.

-“Paré de inmediato, me bajé del coche y entonces vi, vi al pobre abuelo tirado en la cuneta, boca abajo, y a unos metros la pierna... esa pierna”-

Manuel señaló con la mirada la pierna que ondeaba la maltrecha albarca.

-“Pensé que le había matado, el anciano quieto como un muerto y la pierna... esa pierna... a unos metros... pensé que le he arrancado la pierna”-> Manuel no apartaba la vista de la pierna-“¡Dios mío, pero que he hecho¡ me dije”-.

Mientras Manuel sollozaba nervioso el Tío Nicanor lo único que hacia era mirar y remirar su pierna; las correas de sujeción que estaban partidas y la albarca...la albarca...

-”Cago en la...”- rezaba el impasible anciano -”Pero bueno, en un par de tardes con unos trozos de cuero las dejo apañas pa lo que me resta de vida”-

Manuel sacó el pañuelo del bolsillo de su pantalón y por enésima seco el sudor de su frente.

-”Por si no tenía bastante con las manos de Ricardo ahora este señor...”- pensé
-“Le juro que no vi a este anciano hasta que fue demasiado tarde”- insistía Manuel
-“Tranquilo, voy a tomarle la tensión pero esté tranquilo“- medié -“Ya ve que la peor parada de todo este susto ha sido la albarca del tío Nicanor y con un poco de cirugía artesana en un par de tardes...reparada y el Tío Nicanor tampoco parece ni tan siquiera magullado”-
-”Se lo agradezco doctor pero me encuentro mejor, ver a Nicanor más fresco que una lechuga me ha calmado y este rato de charla me ha hecho mucho bien”-
-”Como desee Manuel”-
-”Dígame Nicanor el importe de todas los daños que le he causado y gustoso se lo abonaré, es lo menos que puedo hacer por usted”-
-¿A mi?...Naaaa, de verdad que na de na”- dijo el Tío Nicanor mirando al compungido Manuel -” Yo venía de mi huerto y por no saltar la acequia ataje recto y me enganche en unas zarzas que fueron las cabronas las que me hicieron la puñeta, trompique y me entré en el carril por donde venia este hombre con su coche”-
-”Le juro Nicanor que...”-
- “Ande Manuel, váyase pa la finca tranquilo, ahora mismo hablo con el Ricardo que toa su vida fue guarnicionero y me recose unas cinchas nuevas y a tirar hasta que Dios quiera, que hoy no era mi día. Y ahora si mayudan a colócame la pierna nos vamos al bar a tomarnos unos carajillos que aquí no ha pasao na que no se cure con dos o tres copas”-.
-“Le juro que creí haber matado al anciano, me acerque corriendo y el abuelo ya se incorporaba más fresco que yo”- repetía Manuel -“Ahí estaba él, limpiándose el polvo y encima tranquilizándome”-.
-“Es que tenia uste la cara desencaja”- terció el Tío Nicanor -“Le vi tan acobardao que me dije a este hombre le da un algo y haber como le socorro, yo le dicia que se tranquilizara que no pasaba na, pero el ni caso estaba tan azilotao que no atinaba a levantame, por lo menos nos caímos juntos cinco veces hasta poneme de pie”-
-”No me lo puedo quitar de la cabeza; que mal rato, que mal rato”-
-”Lo peor fue cuando le dije que ma cercara la pierna, joe, si se puso a dar arcas”- el anciano reía con ganas -“No atinaba a cogela y eso que es de madera y ni muerde ni se mueve sin mi”-.
-“Cuando me pidió que le cogiera la pierna creí morir “- Manuel rompió de nuevo a sudar -“Pensé que...no se que pensé, que le había segado la pierna o que se yo. Saqué fuerzas de flaqueza y al coger la pierna y notar que era de madera... ¡¡ de madera¡¡”... ¡¡ Dios que alivio¡¡”-.
-“Me se ha medio desmayao en el suelo”–
afirmó entre risas el Tío Nicanor.

Yo me imaginaba el “cuadro” con un Manuel angustiado, el bueno del Tío Nicanor tranquilizándole y ambos rodando por el suelo mientras la única testigo de tamaño desaguisado era la pierna de madera.

En ese momento los tres rompimos a reír a carcajadas mientras Nicanor levantaba la pierna ortopédica como si de un trofeo se tratara.

-“Venga pal bar a por unos carajillos, que pago yo”-


...

La cocina, al igual que la consulta, se había llenado de carcajadas. Me levanté para terminar de preparar los escalopes y besé a Enrique en la mejilla.

-“Y, con la pierna en su sitio, se han marchado de la consulta; el Tío Nicanor algo más cojo que ayer y Manuel algo menos pálido que a la llegada pero ambos sonriendo”-

También, aquí en casa, hemos reído, eran ya muchos los días que no reíamos juntos, eran muchos los días que no besaba a mi marido en la mejilla.

-“Con mucho esparadrapo, tesón y maña hemos dejamos la pierna lo más católica posible hasta que Ricardo repare tamaña avería”-
-“Al final, Enrique, tendrás que escribir un libro con las cosas que te pasen en Fuentes viejas”-
-“Eso, Julia, te lo dejo a ti , a ti y a tu imaginación”-



Así trascurre la vida de un pueblo sencillo , tan sencillo como las cosas sencillas que llenan los rincones de una vida y que no siempre sabemos, queremos o podemos valorar; así de ciertos son algunos momentos de la vida, tan ciertos como que el Tío Nicanor con su pierna de palo “remendada” estará buscando setas por el monte, tan ciertos como que Manuel no olvidará nunca esa curva y al Tío Nicanor ni tan siquiera después de varias rondas de carajillos en el bar de Fabián de este o de cualquier otro pueblo sencillo.

(Dedicado al tío Nicanor que nos dejó hace unos meses y que seguro ahora tiene de apodo...”correcielos”)

(Fotografías y texto de Jaime V.)